El nombre del chofer John Worboys quedó marcado como uno de los casos criminales más impactantes del Reino Unido.

Aunque durante años trabajó como un aparentemente normal conductor de taxi en Londres, detrás de esa imagen escondía una serie de delitos sexuales que afectaron a decenas de mujeres y que, según estimaciones de la policía y la Fiscalía británica, podrían superar el centenar de víctimas.

Tal como consignó Infobae, el hombre, conocido públicamente como el “depredador de los taxis negros de Londres”, utilizaba su trabajo para acercarse a mujeres que viajaban solas durante la noche. Muchas de ellas salían de bares o clubes nocturnos y, en algunos casos, se encontraban bajo los efectos del alcohol.

Según revelaron las investigaciones, Worboys aprovechaba ese contexto para ofrecer bebidas adulteradas con sedantes, dejando a las víctimas desorientadas o inconscientes.

Varias mujeres relataron posteriormente que despertaban sin recordar lo ocurrido, en lugares desconocidos y con señales de haber sufrido agresiones sexuales. Esa falta de claridad en los recuerdos complicó durante años las denuncias y permitió que el agresor siguiera actuando sin ser descubierto.

Los errores que permitieron que el chofer siguiera actuando

Las primeras denuncias comenzaron a surgir a inicios de los años 2000. Sin embargo, las autoridades trataron los casos como hechos aislados y no lograron detectar el patrón común detrás de los ataques.

Muchas víctimas sintieron que no recibieron apoyo suficiente al momento de denunciar. Algunas incluso aseguraron que las autoridades pusieron en duda sus relatos debido a su estado de intoxicación o a las lagunas mentales provocadas por las sustancias que el propio taxista les suministraba.

Con el paso del tiempo, la cantidad de denuncias comenzó a aumentar y los investigadores finalmente conectaron los casos. Todas las víctimas describían situaciones similares: un viaje en taxi, bebidas ofrecidas por el conductor y posteriores episodios de desorientación.

Tras reunir pruebas y volver a entrevistar a varias afectadas, la policía logró identificar a John Worboys como el principal sospechoso.

Dos cadenas perpetuas y más de 100 posibles víctimas

En 2009, la justicia británica lo declaró culpable de 19 delitos sexuales cometidos contra 12 mujeres. El tribunal lo condenó por agresiones sexuales, violaciones y administración de sustancias nocivas, recogió BBC.

No obstante, el caso no terminó ahí. Años después aparecieron nuevas denunciantes, lo que derivó en otro proceso judicial. Finalmente, en diciembre de 2019, Worboys recibió dos cadenas perpetuas tras ser condenado por nuevos ataques contra cuatro mujeres más.

La jueza McGowan sostuvo que el hombre seguía representando “un peligro constante” para las mujeres y cuestionó la posibilidad de que dejara de ser una amenaza en el futuro.

Además, durante el proceso salió a la luz que el agresor habría mentido a psicólogos en una audiencia de libertad condicional realizada en 2017, entregando una versión parcial de sus delitos para aparentar un menor nivel de riesgo.

Actualmente, el extaxista permanece en prisión y cambió legalmente su nombre a John Radford. Sin embargo, su caso continúa siendo recordado como uno de los mayores escándalos criminales relacionados con violencia sexual en Reino Unido y como un ejemplo de las graves fallas institucionales que permitieron que actuara durante casi una década.