El lipedema o lipoedema provoca una acumulación incontrolada de células grasas en el organismo.
Encontrar un médico que esté familiarizado con esta enfermedad es una odisea y, por eso, las mujeres que la sufren (los casos en hombres son extremadamente raros) reciben la mayoría de las veces diagnósticos errados.
Este fue el caso de Claudia Effertz, que a los 30 años desarrolló un lipedema en los primeros meses de su embarazo y aunque visitó a muchos médicos, ninguno reconoció la enfermedad.
La mayoría de las veces le aconsejaban adelgazar, comer menos o hacer ejercicio. En 2014, Effertz sufrió un colapso como consecuencia de una elevada tensión arterial.
“Fui entonces a un centro de rehabilitación. Allí tenían un departamento de linfología”, dice.
“Finalmente hicieron el diagnóstico correcto: Lipedema grado tres en brazos y piernas, que es el más alto. Era la primera vez que oía hablar de ello”, recordó.
Effertz, hoy de 53 años, recibió allí por primera vez atención adecuada. La trataron con terapia física descongestiva compleja, o CPD, que incluye drenaje linfático regular y compresión de brazos y piernas, así como ejercicio en el agua.
Esta terapia mejora la microcirculación de la sangre y estimula el metabolismo del cuerpo. Esto a su vez hace que el tejido, a menudo endurecido por el lipedema, se alivie y el dolor disminuya.
Effertz tardó 15 años en obtener el diagnóstico correcto.
Tobias Hirsch, de la clínica especializada Hornheide, que también participa activamente en la Sociedad Alemana de Lipoedema, afirma que lo que le ocurrió a Effertz no es infrecuente.
“En un estudio examinamos cuándo aparecían los primeros síntomas en las pacientes. La mayoría dijo que fue durante la pubertad. Luego analizamos cuándo se les diagnosticó, y fue una media de 20 años después”, explica.