Sociedad

Científico experimentó consigo mismo por 9 meses: ayunó, entrenó a diario y este fue el resultado

Científico Dean H experimentó con sí mismo y rejuveneció
Dean Ho/National University of Singapore

Un científico decidió ir más allá de los tradicionales chequeos médicos y convirtió su propio cuerpo en objeto de estudio durante nueve meses. El objetivo fue observar cómo distintos hábitos podían modificar su organismo en el tiempo, en vez de analizar su salud a partir de mediciones aisladas.

El protagonista del experimento fue Dean Ho, de 47 años, director del Instituto de Medicina Digital (WisDM) de la Facultad de Medicina Yong Loo Lin de la Universidad Nacional de Singapur (NUS).

La investigación, denominada DELTA, buscó seguir de manera continua distintos indicadores fisiológicos y moleculares para evaluar cómo respondía su cuerpo frente a cambios en la alimentación, el ejercicio, el sueño y el ayuno, consignó Deutsche Welle.

La propuesta surgió a partir de una premisa sencilla: los chequeos médicos tradicionales muestran el estado de una persona en un momento determinado, pero no necesariamente permiten observar qué ocurre entre una evaluación y otra.

La exigente rutina que siguió el científico Dean Ho durante 9 meses

Para llevar adelante el experimento, Ho adoptó un estricto régimen diario. Durante cerca de nueve meses, realizó ayunos de aproximadamente 20 horas, concentrando su alimentación entre las 11:00 y las 15:00 horas.

Además, incorporó varios ayunos de 48 horas durante el periodo de seguimiento. Su rutina también contempló acostarse cerca de las 21:15 horas y comenzar el día a las 06:00.

A esto sumó 90 minutos diarios de ejercicio cardiovascular o entrenamiento de fuerza.

Según informó la Universidad Nacional de Singapur, Ho también siguió una dieta inspirada en el patrón mediterráneo, con verduras de hoja verde, aceite de oliva, semillas y proteínas magras.

De acuerdo con IFLScience, el investigador incluyó preparaciones como un batido de arándanos, col lombarda, brócoli y jengibre, además de un pudín elaborado con chía y cacao.

En cuanto a las bebidas, consumió agua, electrolitos, café solo y té negro, sin leche ni azúcar.

Pero seguir la rutina representó solo una parte del estudio. El equipo también necesitó recopilar datos de manera constante para observar cómo reaccionaba el organismo.

Por cerca de ocho meses, Ho utilizó simultáneamente tres dispositivos inteligentes: Whoop, Garmin y Apple Watch. Junto con ello, los investigadores emplearon un sistema de inteligencia artificial que analizó respuestas fisiológicas y moleculares frente al estrés.

IA estimó su edad biológica en 32 años

Los datos dejaron varios resultados llamativos. La herramienta de inteligencia artificial calculó que Ho tenía una edad biológica cercana a los 32 años, alrededor de 15 años menos que su edad cronológica.

También registró una importante disminución en su frecuencia cardíaca en reposo, que pasó de 65 a 46 latidos por minuto.

Otro de los aspectos analizados fue el cambio metabólico desde el uso predominante de azúcares hacia las grasas como fuente de energía.

Durante las distintas mediciones, este proceso llegó a producirse en cerca de 16,5 horas. Según NUS Medicine, en una persona de la edad de Ho puede tardar entre 36 y 72 horas, e incluso más.

El investigador también modificó sus patrones de sueño. Pasó de dormir cerca de cinco horas por noche a aproximarse a las ocho, con un aumento del sueño profundo y menos periodos despierto durante la madrugada.

El seguimiento detectó, además, cambios en su microbiota intestinal.

Las limitaciones del experimento

Pese a los resultados, el estudio presenta una limitación fundamental: Ho fue el único participante y no existió un grupo de control.

Esto impide trasladar directamente sus resultados al resto de la población. El propio investigador reconoció este punto y llamó a interpretar las conclusiones con cautela.

Mantener el estricto protocolo también generó dificultades en su vida cotidiana, especialmente durante actividades sociales.

“A veces tenía compromisos sociales por la noche en los que no probaba ni un bocado, y la gente bromeaba conmigo al respecto”, contó Ho a IFLScience. “Eso no va a ser posible en todos los eventos sociales de aquí en adelante”.

De esta manera, uno de los principales aportes de DELTA no está necesariamente en la cifra de edad biológica obtenida por el investigador, sino en la posibilidad de observar la salud como un proceso dinámico.

El estudio, publicado en PLOS One, propuso que este tipo de seguimiento pueda utilizarse en el futuro para diseñar investigaciones participativas a mayor escala.

Ese paso permitirá analizar si los cambios registrados por Ho pueden repetirse en otras personas y determinar cuánto dependieron de sus características individuales y del exigente estilo de vida que mantuvo durante los nueve meses del experimento.