Muchos hombres aseguran que tener una mujer que no se canse de tener relaciones íntimas durante todo el día es un sueño. Pero ¿será tan así? ¿Será posible mantener satisfecha a una adicta al sexo?
Sami Walton, una bella joven inglesa de 29 años, padece de esta condición y su vida no ha sido nada fácil. Ha perdido trabajos, se ha alejado de sus amigos y hasta hace poco no había podido encontrar a un hombre que pudiera satisfacerla o al menos entenderla.
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Por eso ella decidió dar su testimonio a Sunday People, para que las personas entiendan que la adicción al sexo no es algo para la risa, sino que algo complejo y que ha hecho de su vida un verdadero infierno en ocasiones.
Hace un par de años está con James Keates, que pudo aguantar su ritmo y comprender la situación médica que enfrenta. La rubia asegura que le es imposible ‘sacarle las manos de encima’ y tienen sexo 10 veces al día.
“La mayoría de los hombres piensan que les encantaría tener una pareja que quiera tanto sexo, pero ninguno de mis novios anteriores pudo manejarlo. Tengo suerte de tener a James, no sólo porque tiene la energía para seguir mi ritmo, sino porque me apoya un montón y no me juzga cuando tengo un mal día”, asegura Sami.
Para James, a sus 38 años, el desafío es cada vez mayor.
“Al comienzo sentía que había ganado la lotería. Pero ahora estoy envejeciendo un poco y puede ser agotador y sé que eso pone mal a Sami. Así que trato de hacer lo mejor y poner todo de mi parte para entenderla”, cuenta el hombre que acompaña a Sami, que desarrolló su problema hace poco menos de una década, luego de terminar una larga relación de pareja que concluyó con un viaje por todo el país con encuentros casuales y sexo tanto con hombres como con mujeres.
“Me llevó a situaciones peligrosas, me iba a casa con personas sobre las que no sabía nada, ni lo más mínimo. Tuve una ‘visión’ en 2010 cuando desperté a cientos de kilómetros de mi casa, sin más y me di cuenta que tenía un problema real y que no se trataba sólo despecho o fiesta”, confesó la blonda.
“Perdí mi trabajo, fui al médico pero sólo me dio ansiolíticos y la lista de espera para el psicólogo era demasiado larga, pero luego, unos seis meses después, conocí a James y todo mejoró”, agregó la joven, que aún se niega a recibir tratamientos tradicionales, ya que dice que los médicos no entienden realmente su condición y siente que junto a James, a quien define no sólo como su pareja y amante, sino que también como su terapeuta, la vida es mucho más simple.