Llegó a ser diputada por cinco años en su natal Afganistán, se tituló de Ciencias Políticas y habla 6 idiomas, sin embargo, la infelicidad reinó su vida hasta hace muy poco, pues la opresión y los maltratos los vivía en su propio hogar.

Es la historia de Azita Rafaat, quien, tras años de sufrimiento, pudo escapar de su país y librarse de su marido luego de pedir asilo político en Suecia.

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Cuando cumplió 18 años y a pesar de que su familia luchaba por los derechos de las mujeres, su padre la obligó a casarse con su analfabeto primo, ocho años mayor que ella y quien ya estaba casado y tenía una hija. Recordemos que la poligamia está permitida en Afganistán.

La inseguridad producto del gobierno de los talibanes en aquel entonces llevó a su padre a tomar la decisión que marcaría su vida para siempre y de la peor manera.

No sólo terminó manteniendo a su marido y a la otra mujer y su hija, sino que fue continuamente vulnerada por el hombre.

“Cualquier relación que ocurre en contra de tu voluntad es una violación. Pero es una violación contra la que no puedes levantar la voz, porque en Afganistán la gente considera que no te están violando si la persona que lo hace es tu marido oficialmente y quiere tener relaciones sexuales (…) Si por violación se entiende eso, yo he sido violada toda mi vida”, contó Azita en entrevista con El Mundo.

Pero la violencia dentro del matrimonio era peor que eso. Durante los años de relación llegaron a tener 4 hijas, algo que indignaba al esposo, pues en Afganistán no tener un hijo varón es mal visto por la sociedad.

“Para la mayoría de las familias afganas, los hijos varones tienen más valor porque el hombre es quien tiene derecho a la herencia y se queda en la casa paterna cuando se casa. Así que pasé a la acción: vestí de niño a mi hija, le corté el pelo y le cambié la identidad”, confesó la mujer sobre la forma en que evitó ceder a las presiones de su esposo para así intentar escapar al fin de las violaciones.

“Él paseaba por la calle con su hijo tomado de la mano, sintiéndose orgulloso, o le pedía que hiciera algo delante de los invitados en casa. Nunca se dio cuenta”, que solicitó asilo junto a sus cuatro hijas que viven en el país nórdico con ella, donde ninguna debe ya vestirse de hombre para engañar al mundo.