El caso de una joven de 20 años que falleció en Inglaterra producto de un coma diabético, está causando gran conmoción en Reino Unido. No tan sólo por la edad de la fallecida, sino por la forma en que se dio su deceso.

Natasha Horne comenzó a sufrir desde el 2014 una pérdida drástica de su peso, lo que provocó la alerta de sus padres Jackie y Stephen, quienes intentaron de diversas formas de poder ayudar a su hija. Ella en todo momento rechazó las atenciones, ya que quería mantener una delgada figura.

Sin embargo, todo cambió el año pasado, luego que su madre, quien era gerenta de una farmacia, le solicitó realizarse un examen para determinar si es que tenía diabetes. Los síntomas que había tenido el último tiempo con relación a su peso, sumado a sed excesiva y ganas de ir al baño durante la noche, fueron los que llamaron la atención de esta madre.

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Finalmente sus sospechas eran ciertas, ya que Natasha fue diagnosticada el 16 de octubre pasado con diabetes tipo 1, que es una afección crónica en la que el páncreas produce poco o nada de insulina.

Si bien es una enfermedad incurable, sí es posible llevar una vida prácticamente normal, a base de inyecciones periódicas de insulina. La joven de 20 años en un principio se sometió al tratamiento, de un momento a otro, se rehusó completamente a seguirlo, ya que estaba “harta de las agujas”.

Pese a esto, los padres hicieron todo lo posible para que su hija retomara el procedimiento, pero ella lo rechazó sin cambiar de opinión: “Nos estábamos preocupando tanto por la rapidez de la pérdida de peso. Perdió la mitad de su peso corporal en dos o tres meses. Y pasó de una talla 22 a una talla 10 en seis meses, pero no lo consideró tan malo”, expresó Jackie.

Debido a la tensión que se generó en su casa, Natasha optó por irse de su hogar para vivir con su novio Jordan, ya que veía a su madre como una “fastidiosa”. Stephen en tanto, expresó que “simplemente no entendía la gravedad de las consecuencias de no tomar su tratamiento”.

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Pese a la insistencia, al tener 20 años, la joven ya tenía la edad suficiente para tomar sus propias decisiones. Claro que estas le costaron muy caro, ya que en los últimos meses sufrió tres ataques de DKA (cetoacidosis diabética), siendo el último el más grave y fulminante. De esta forma, en menos de un año desde que fue diagnotiscada con diabetes, falleció.

“Ella siempre pensó que nunca le pasaría a ella. Simplemente no quería aceptar lo que tenía, estaba dispuesta a correr el riesgo”, expresó Jackie, quien ahora junto a su marido han iniciado una campaña para conscientizar, ya que si bien su hija enfrentó trágicas consecuencias, siempre fue una muy buena persona.