“Era un dios”: el impactante testimonio que expone cómo funcionaba la presunta secta en Chiloé
Lo que comenzó como un proyecto de vida comunitaria inspirado en el movimiento scout terminó bajo la lupa de la justicia, luego de que antiguos integrantes denunciaran una serie de supuestos abusos ocurridos durante años en una presunta secta en Chiloé, región de Los Lagos.
Se trata de Cahuala, una agrupación donde sus miembros debían cumplir estrictas normas relacionadas con la convivencia, las relaciones de pareja e incluso la crianza de sus hijos.
En ese contexto, un reportaje de Teletrece destapó nuevos datos sobre los orígenes de esta organización y la manera en que su fundador, Enrique Urrutia Aburto, habría concentrado el poder sobre quienes decidían sumarse a la comunidad.
Uno de los testimonios más llamativos fue el de Patricio Aguirre, exintegrante del grupo, quien aseguró que la figura del líder adquirió una importancia que iba mucho más allá del orden de las actividades cotidianas.
“Ellos hablaban de ‘el jefe’, pero el jefe era un eufemismo que usaban, pero cuando ellos hablaban de ‘el jefe’ y ‘la jefa’, porque también había una jefa, el jefe era lo superior… era un dios“, mencionó.
¿Cómo nació Cahuala, la comunidad investigada por presuntos abusos en Chiloé?
Los antecedentes recopilados por el departamento de prensa de Canal 13 sitúan el origen de la agrupación a fines de la década de 1980.
Por aquel entonces, unas personas vinculadas al movimiento scout, provenientes de establecimientos educacionales del sector oriente de Santiago, llegó hasta Chiloé con la intención de desarrollar un proyecto de vida en común.
La iniciativa contemplaba establecer un campamento permanente, donde sus participantes pudieran compartir actividades laborales y perseguir objetivos sociales y espirituales.
Según relató Patricio Aguirre, la propuesta inicialmente parecía una experiencia sin las restricciones que posteriormente denunció.
“Al principio se me presenta como gente que seguía los lineamientos del escultismo (movimiento scout), que tenían un proyecto de crecimiento personal, de trabajo, de haberse ido al sur, una cosa muy liviana, fácil de entender“, recordó.
Junto a lo anterior, se reveló que, para ingresar a la comunidad, los interesados debían cumplir ciertos requisitos, entre ellos contar con una profesión y mantener una relación de pareja.
El proyecto tuvo como principal impulsor a Enrique Urrutia Aburto, quien se desempeñaba como jefe scout y profesor de filosofía en un establecimiento educacional de alto rendimiento académico.
Con el paso de los años, la organización llegó a reunir cerca de 40 personas, entre adultos y niños, aunque actualmente tendría alrededor de 15 integrantes.
Sin embargo, los relatos de quienes abandonaron Cahuala describen una realidad muy diferente de la propuesta con la que inicialmente conocieron al grupo.
Las reglas que habrían afectado a madres e hijos dentro de Cahuala
Uno de los aspectos más delicados de las denuncias apunta a las restricciones que supuestamente existían para establecer vínculos familiares.
María Luz, antigua integrante de Cahuala, afirmó que durante su permanencia en la organización enfrentó dificultades para mantener una relación cercana con su propia hija.
Sumado a esto, explicó que cuando la niña tenía entre cuatro y cinco años, las reglas impuestas por el fundador habrían limitado el contacto entre ambas.
“Dentro de las normas instauradas por Enrique, el ‘yo’ madre era nefasto para los hijos. Yo estaba con mi hija, que tenía entre 4 y 5 años, lo peor que yo podía hacer, era acercarme a ella“, sostuvo.
Asimismo, indicó que otras mujeres podían participar en el cuidado de la menor de edad, mientras ella debía mantener distancia.
Pero las acusaciones no terminaron ahí, ya que Patricio Aguirre también describió una supuesta disposición que afectaba directamente a las madres durante la lactancia.
“Ninguna mamá, como nacían en conjuntos, podían amamantar a cualquiera de las guaguas, pero nunca a la que era de ellas. Era una ley“, manifestó.
La investigación que enfrenta a los líderes de Cahuala con la justicia
Los testimonios de antiguos integrantes también dieron paso a una investigación penal por presuntos delitos cometidos al interior de la organización.
De acuerdo con el citado medio, las denuncias incluyen posibles abusos sexuales reiterados, explotación laboral y conductas relacionadas con el control que habrían ejercido los responsables de Cahuala.
Los antecedentes judiciales se remontan a 2019, cuando dos personas presentaron una querella por hechos que supuestamente ocurrieron entre 1999 y 2015.
Entre las acusaciones también figuran presuntos abusos contra menores de edad, situaciones que deberán esclarecer las diligencias.
En ese contexto, Enrique Urrutia y María Pinto fueron formalizados el 8 de octubre ante el Juzgado de Garantía de Castro por asociación ilícita y trata de personas.
Tras la audiencia, el tribunal decretó arraigo nacional, firma mensual y prohibición de acercarse o comunicarse con las presuntas víctimas. Además, estableció un plazo inicial de cinco meses para la investigación.
Cabe señalar que la causa mantiene antecedentes bajo reserva, mientras la Fiscalía continúa reuniendo información para determinar eventuales responsabilidades en la presunta secta en Chiloé.