Fue casi a principios de febrero que se viralizó a través de las redes sociales una desgarradora noticia. Se trata de la historia de Drayke Hardman, un niño de solo 12 años que decidió quitarse la vida tras sufrir bullying en su colegio en Utah, Estados Unidos.
La noticia puso en el tapete el tema a nivel global y en nuestro país, sobre todo ahora con la vuelta progresiva de los niños y niñas a los colegios en plena pandemia.
Si bien mucho se habla de cómo enfrentar el asunto con los menores de edad, sobre todo si es la víctima, hay otro protagonista en la situación: el niño que es agresor.
Para ahondar más en el tema, en Página 7 conversamos con Ivonne Maldonado, directora de la carrera de Psicología de la Universidad de Las Américas.
Para intentar reconocer si un hijo hace bullying, la experta sostuvo que “se sugiere conversar de estos temas en reuniones familiares, conocer la opinión de los hijos, preguntar si han sido testigos de estos hechos e ir profundizando en el tema, siempre con el afán de comprender más que enjuiciar”.
Precisa que hay que ver cómo se desenvuelva la familia, ya que “muchos pequeños repiten con sus pares lo que ocurre en casa, ya que existe un aprendizaje por observación que es silencioso y muy efectivo”.
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“Si un niño ha sufrido castigos físicos, burlas, descalificaciones dentro de su hogar es posible que repita esta pauta de interacción en otros espacios”, explicó.
“Este tipo de crianza basada en la violencia, genera inseguridad, un factor común en quienes tienen conductas agresivas con sus pares en el aula, de aquí la importancia de realizar una pausa y mirar de qué forma se está educando y criando a los hijos”, agregó.
En cuanto a cómo se debe abordar la situación si es un hijo el que hace bullying, recalcó que es importante empatizar, “todo niño que agrede actúa de esa forma por algún motivo. A ninguno le gusta ‘portarse mal’, entender esto es fundamental”.
“En general se suele castigar y sancionar este tipo de conductas, lo que en muchos casos no soluciona el problema. Entonces, es necesario ir más allá e intentar comprender qué causa este comportamiento para buscar estrategias de solución, las que pueden orientarse a modificar la forma de comunicación y de interacción entre los miembros de la familia o incluso buscar ayuda y apoyo profesional para evitar que la situación se agudice”, agregó.
Señales para saber si un hijo es agresor escolar
La especialista comentó que “para encontrar señales hay que detenerse, observar y así identificar cómo el niño actúa frente a la frustración”.
Explica que hay que fijarse “si existe necesidad de dominar a otros, si se muestra impulsivo, inseguro, si se burla, descalifica a otros o ignora las necesidades o solicitudes de sus pares. Estas señales pueden encender una alarma que promueva un cambio, ya sea en el hogar o en el aula”.
Añadió que al ser un fenómeno es complejo, “es difícil definir una sola variable o una conducta como predictor. Sin embargo, la falta de empatía, tendrá un rol de relevancia al momento de preguntarse si su hijo podría actuar como agresor en situaciones de bullying”.
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Maldonado señala que “centrándonos en la empatía, como eje fundamental de las habilidades sociales y factor preponderante en el desarrollo de la inteligencia emocional, es importante saber qué es la capacidad para contactarse emocionalmente con los demás, ya que esta se desarrolla en las experiencias e interacciones con otros y es una capacidad que se puede trabajar”.
Rol de padres y educadores
La psicóloga sostiene que “la violencia tiene una dimensión simbólica, es un acontecimiento social y además es un acontecimiento subjetivo, por lo tanto, es un fenómeno que debe abordarse desde diferentes dimensiones y detectarlo a través de diversas estrategias”.
Precisa que lo más importante es brindar atención, observar, “escuchar activamente, conocer a los niños que forman parte de la comunidad educativa, no quedarse en estrategias que mueren en un documento elaborado para cumplir con la normativa”.
Resalta que cada niño es diferente y tiene una historia que carga como una mochila invisible, entonces como educadores del proceso de aprendizaje académico y social, será relevante estar atento a las dinámicas grupales y buscar espacios de conversación protegidos, donde ese niño sienta que puede ser escuchado y que existe un real interés en ayudarlo a buscar nuevas formas de interacción y, por sobre todo, que existe la posibilidad de cambiar”.
Pasos a seguir
La experta sugiere un abordaje más amplio que involucre a todos los miembros del sistema familiar, ya que se influencian mutuamente.
“Deben participar e involucrarse en el proceso de cambio, desde esta perspectiva, como padres y madres será necesario enfrentar la situación y no esconderla o minimizarla, es grave y reconocerlo es el primer paso”, precisó.
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Agregó que en segundo lugar, se debe “buscar apoyo en el colegio y así en conjunto buscar alternativas para la solución, ya que las acciones deben ser coordinadas para que exista coherencia en la intervención que se realizará en el hogar y en el aula”.
Finalmente, si ya se han intentado estrategias de solución fallidas, “es importante buscar ayuda de un profesional del área de la salud mental que pueda acompañar al niño y su familia en la búsqueda del bienestar psicológico de él”.