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La exposición constante al inglés a través de música, series y redes sociales ha permitido a millones de personas familiarizarse con el idioma, aunque muchos tienen dificultades para expresarse verbalmente. El miedo a cometer errores al hablar en inglés y el hábito de traducir mentalmente pueden generar bloqueos en la comunicación. El experto Marco Saravia destaca la importancia de practicar conversaciones reales y recibir retroalimentación para desarrollar fluidez en el idioma. A pesar de la amplia oferta de recursos para aprender inglés, la práctica activa y la inmersión lingüística son clave para ganar confianza y utilizar el idioma con seguridad en diversas situaciones.
Cantar de memoria el último éxito de Bruno Mars o Sabrina Carpenter, entender gran parte de una serie en Netflix e incluso captar frases en redes sociales. Para muchas personas, el inglés está presente en su día a día, aunque al momento de mantener una conversación, las palabras simplemente no salen.
Se trata de una situación más común de lo que parece y tiene una explicación. Marco Saravia, responsable de e-learning de Berlitz Chile, aseguró que la diferencia radica en cómo funciona el aprendizaje de un idioma.
“Escuchar y entender son habilidades receptivas, mientras que hablar es una habilidad productiva”, comenzó el experto.
“Una persona puede estar expuesta durante años al inglés a través de música, series, videojuegos o redes sociales, desarrollando una buena capacidad de comprensión, pero eso no significa necesariamente que haya practicado la habilidad de expresarse verbalmente”, explicó.
La constante exposición al inglés a través del streaming, las plataformas digitales y los contenidos globales permite que millones de personas se familiaricen con sonidos, expresiones y vocabulario, incluso sin estudiar el idioma de manera formal.
El miedo a equivocarse al hablar en inglés juega un papel clave
Según Saravia, el principal obstáculo para muchas personas no es la falta de conocimientos, sino el temor a cometer errores frente a los demás.
“Muchos estudiantes entienden bastante más inglés de lo que creen. El problema aparece cuando sienten que deben responder de inmediato y correctamente. En ese momento surge la ansiedad, el miedo a equivocarse o a ser juzgados por su pronunciación, generando un bloqueo que afecta la comunicación”, señaló.
A esto se suma otro hábito frecuente: traducir mentalmente cada frase antes de hablar.
“Cuando intentamos traducir palabra por palabra desde el español, el proceso se vuelve más lento y complejo. La fluidez comienza a desarrollarse cuando la persona logra pensar directamente en inglés y utilizar estructuras que ha practicado en contextos reales de conversación”, agregó.
La práctica marca la diferencia
El especialista indicó que escuchar música o ver series aporta al aprendizaje del idioma, especialmente para mejorar la comprensión auditiva y ampliar el vocabulario. Sin embargo, advirtió que esas herramientas no bastan para desarrollar fluidez.
“Escuchar música o ver series aporta mucho valor al aprendizaje, especialmente para mejorar la comprensión auditiva y ampliar vocabulario. Sin embargo, para desarrollar fluidez es indispensable practicar conversaciones reales y recibir retroalimentación que permita corregir errores y ganar confianza”, afirmó.
Por esa razón, las metodologías enfocadas en la conversación y la inmersión lingüística han ganado espacio durante los últimos años.
“Hoy existe una gran cantidad de recursos para aprender inglés, pero el verdadero salto ocurre cuando las personas comienzan a usar el idioma activamente. La práctica constante y la exposición a conversaciones reales son fundamentales para transformar el conocimiento pasivo en una habilidad que pueda utilizarse con seguridad en el trabajo, los estudios o los viajes”, concluyó Saravia.