Como le ocurre a muchas mujeres, tras el parto de su primer hijo, la inglesa Chelsea Stevens comenzó a ganar peso. La estudiante de Birmingham (Inglaterra) de 25 años alguna vez llegó a pesar 127 kilos, entre comida rápida y poco tiempo para ejercitar.

“Amaba alimentarme con comida rápida todo el día y me había vuelto adicta al pan crujiente lleno de mantequilla, pero no me di cuenta de lo gorda que estaba hasta que fue demasiado tarde”, declaró Chelsea a la Agencia de Noticias Caters. “Solía mirarme en el espejo y sentirme mal por lo que veía, pero no podía dejar de comer porciones grandes”, señaló, tal como traduce Página 7.

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No fue hasta 2013 que decidió hacer un cambio en su dieta, luego de que le pidieran que se cambiara a un “asiento más grande” en una montaña rosa. En octubre de ese año, Chelsea decidió tomarse una foto que la hiciera sentirse avergonzada de ella misma. De hecho, posó con un peto mostrando todo su vientre y estrías y luego lo convirtió en el protector de pantalla de su celular.

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La idea es que esta imagen le recordara constantemente cómo se veía: “Sabía que si veía una foto terrible mía cada vez que tomaba el teléfono no querría volver a ordenar comida para llevar y me daría el coraje para perder peso”, agregó.

Además, se incribió en un programa de reemplazo de comida, el cual la ayudó a acelerar la pérdida de peso. Desde entonces, ha perdido unos 45 kilos. “Me siento genial siendo una madre joven y delgada. Puedo ser más activa con mi hijo y me siento más confiada”, concluyó.

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