La vida sexual y el embarazo no deberían estar en escenarios diferentes, todo lo contrario, deberían ir de la mano. Muchos son los hombres que por el temor de no hacerle daño al bebé, evitan tener relaciones sexuales tradicionales, mito que en más de una ocasión ha sido desmentido por especialistas en la materia.

Pero, ¿Qué pasa luego de tener un bebé? Si bien sabemos que luego de dar a luz debemos esperar mínimo 40 días para retomar la actividad sexual, periodo conocido popularmente como “la cuarentena”. Este periodo se caracteriza por el “retorno a la normalidad” de todos aquellos cambios orgánicos y fisiológicos que tuvieron lugar durante el embarazo y el parto de la mujer.

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Luego de estas seis u ocho semanas, no quiere decir que todo esté perfecto, pues retomar la vida sexual puede ser un verdadero desafío si uno de los dos está estresado.

Eso al menos señala un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad Estatal de Pensilvanvia, en el que un grupo de investigadores examinó los niveles de estrés y satisfacción sexual de padres primerizos, durante su primer año como tales. Como resultados generales, el 55% de los hombres y el 69% de las mujeres eran “algo” felices con su vida sexual“, según consigna el portal de la revista femenina Women’s Health.

Pero dentro de estos resultados, hay un detalle no menor, pues los investigadores agregaron que “cuanto más estresadas se sentían las mujeres, menos satisfechos sexualmente se sentían ambos“. ¿Qué tal?

Y es que a pesar de que los padres del estudio se sentían tan agotados como las madres, la investigación determinó que su estado mental no influía en su satisfacción sexual, sólo el estrés de la madre parecía afectar.

¿Cómo se explica esto?

Chelom Leavitt, M.S., autor de la investigación, señala que las mujeres que son madres tienden a sentir una gran presión por ser un “ejemplo” de madre, una protectora perfecta, por lo que ese mismo estrés puede debilitarlas en otros escenarios.

Si a eso sumamos los cambios de alimentación, los malestares post-parto, y la falta de sueño, esa constante necesidad de “atender a sus hijos” y estar perfectas sin parar en ningún momento, el resultado es desastroso. Es por eso que el sentirse mal y estresadas, desencadena sentimientos de inseguridad y que, según Leavitt, se pueden trasladar a otras áreas de la vida, como lo es el ámbito sexual.

En este contexto, y claramente debido a un componente cultural, los hombres tienden a ser “más libres” respecto a las expectativas de sus parejas, y su autoestima difícilmente está ligada tan directamente al mero hecho de ser padre, agrega el académico. Eso no quiere decir que el hombre no esté privado de sueño, ocupado o que no se preocupe de las necesidades de su hijo, sino que simplemente no le afecta tanto en su interés y/o desempeño sexual. En definitiva, según el autor, el estrés de un madre puede tener más peso.

Es por eso que lo aconsejable es que cuando comiences este nuevo camino como madre, converses con tu pareja sobre las tareas que pueden resultarte agobiantes o estresantes, y dividirlas. Recuerda que no eres la única responsable y no debes pedirle a tu pareja que “ayude”, sino que él tiene las mismas obligaciones que tú respecto al cuidado de su hijo.

Es importante también que converses y expliques las tareas que sencillamente no te gustan, y ver la posibilidad de si lo puede hacer él. Una vez más todo se basa en la comunicación, y siempre es mejor ocuparse de los asuntos antes que se transformen en una preocupación, a veces, innecesaria.