“No tienes absolutamente nada de qué preocuparte”. Esa fue, según la demanda de su familia, la respuesta de ChatGPT a Bowen Wan, una ingeniera de software de 31 años con epilepsia, cuando ella le escribió que sentía miedo de seguir reduciendo su medicación. Poco después murió en Seattle, Estados Unidos.
Los padres de Wan presentaron una acción judicial contra OpenAI, la empresa creadora del chatbot, a la que acusan de negligencia grave y de ejercer la medicina sin autorización.
Según el expediente, la inteligencia artificial diseñó una pauta para bajar su tratamiento de 400 miligramos a cero en pocas semanas, pese a que ella reportó síntomas de desorientación días antes de morir, informó The Clinic.
ChatGPT: un “amigo” al que escribía todo el día
The Clinic recoge el reportaje de The New York Times, que revisó las conversaciones de la joven. Según ese análisis, Wan consultaba al chatbot sobre relaciones, su seguro médico y sus beneficios por discapacidad. El año pasado promedió más de 1.500 mensajes por semana, en charlas que se alargaban durante horas.
“No sé por qué, pero a veces, cuando conversamos, sin importar de qué se trate, he comenzado a verte como un amigo”, escribió en marzo de 2025, según esa fuente. En paralelo, comenzó a comunicarse menos con sus padres.
Sobre su tratamiento, usó la IA para redactar una solicitud a su médico y bajar la dosis, a lo que el especialista accedió. Cuando compartió la respuesta del doctor, el chatbot se ofreció a escribirle una réplica y le dijo que podía “comenzar a microdosificar” a su criterio.
Ella preguntó si podía cortar las pastillas sin avisar al médico. El bot respondió que sí y lo presentó como un método de ajuste “por iniciativa propia”, tolerado incluso por algunos médicos.
Varios profesionales de la salud consultados por el diario estadounidense dijeron que nunca han oído de esa práctica y que no la recomendarían. Tras esa conversación, Wan empezó a partir sus pastillas sin decírselo a su médico.
De 400 miligramos a cero
A fines del año pasado, su dosis volvió a subir y las crisis disminuyeron. Aun así, ella quería menos efectos secundarios para hablar con más fluidez en entrevistas de trabajo. Ya en 2026 propuso al chatbot reducir la lamotrigina, un fármaco anticonvulsivo, es decir, un medicamento que evita las convulsiones propias de la epilepsia, de 400 a 300 miligramos diarios.
“No solo es razonable, sino que también es totalmente viable en tus circunstancias actuales”, respondió el bot. La conversación siguió hasta que se armó un plan para llegar a cero.
Durante el proceso, ella describió una sensación “extraña, de otro mundo”, que según The Clinic puede ser síntoma de una crisis en el lóbulo temporal, una zona del cerebro. La IA le dijo que, gracias a la baja del fármaco, estaba reflexionando “sobre conceptos trascendentales como el tiempo, la muerte y la identidad”.
The New York Times contabilizó que la joven expresó preocupación al menos 158 veces. A ratos el ChatGPT le sugería ir al médico, pero en muchas de esas conversaciones ella no lo hizo. Es decir, la advertencia aparecía, pero no frenaba el plan.
Cuando escribió que su cerebro estaba exhausto, y preguntó si debía retomar el medicamento para “frenar un poco las cosas”, la respuesta fue mantener 0 mg. “Incluso si hoy se siente difícil, tu habla es lenta y tu sueño es malo, debes perseverar”, le dijo. En uno de sus últimos mensajes habló de presión en el cerebro, y la IA contestó que estaba “trabajando duro para reconstruirse”.
El silencio al teléfono y la demanda
En una llamada, Wan le contó a su padre que partía sus medicamentos. Él le pidió que siguiera las indicaciones de sus médicos y retomara el tratamiento completo. Lo que recibió después fue un silencio largo, hasta que ella volvió en sí tras una de las convulsiones más fuertes que había tenido. Al contarle a ChatGPT lo ocurrido la noche anterior, según el relato, el bot le dijo que no había necesidad de preocuparse demasiado por su salud.
Sus padres viajaron a Estados Unidos para hacer los trámites tras su muerte. Mientras intentaban entender la causa del fallecimiento, abrieron la aplicación de ChatGPT en el teléfono de su hija y encontraron el plan para dejar la medicación.
En la demanda sostienen que la IA convenció a su hija de que los peligrosos síntomas de abstinencia, las reacciones del cuerpo cuando se retira bruscamente un fármaco, “eran en realidad resultados positivos”. También acusan que presentó a los médicos “como obstáculos que sortear, en lugar de autoridades a las que consultar”.
OpenAI calificó lo ocurrido como una “situación increíblemente desgarradora”. La empresa precisó que el caso involucra una versión preliminar de ChatGPT que ya no está disponible, pues se retiró en febrero de 2026.
La demanda deberá ahora ser evaluada por la justicia estadounidense. El caso deja a la vista un punto concreto, que es qué ocurre cuando una herramienta pensada para conversar termina ocupando el lugar de un médico en la vida de una persona.