En los últimos meses, un tratamiento de medicina estética ha ganado terreno en redes sociales y consultas médicas de famosos como José Antonio Neme e Ignacia Michelson: los polinucleótidos, popularmente conocidos como “ADN de salmón”.
La combinación de un nombre llamativo con la promesa de una piel más firme y luminosa ha generado tanto interés como desinformación. Es por ello que el equipo de medicina estética de Clínica Terré aclaró los principales mitos que circulan sobre este procedimiento.
Los polinucleótidos son fragmentos purificados de ADN que actúan como moduladores biológicos, estimulando procesos de regeneración celular en la piel. Su origen más habitual —de ahí el apodo viral— es el esperma o las gónadas de salmón o trucha, materia prima que se somete a procesos de purificación y esterilización antes de su uso médico.
“Cuando hablamos de ‘ADN de salmón’ estamos hablando de un nombre que se hizo popular en redes sociales, pero que puede llevar a confusión. No se inyecta salmón ni tejido de pescado en la piel. Los productos utilizados en medicina estética contienen polinucleótidos que han sido procesados y purificados para su utilización médica”, explicó el doctor Cristóbal Carrasco.
“Lo interesante es que buscan mejorar la calidad de la piel estimulando sus propios mecanismos de reparación y regeneración”, añadió el jefe del área de Medicina Estética de Clínica Terré.
Su principal beneficio radica en que actúan desde el interior de la piel, activando de forma natural y progresiva los mecanismos propios de regeneración celular. Esto se traduce en un aumento de la producción de colágeno y elastina, mayor hidratación profunda y una mejora sostenida en el grosor, la firmeza y la luminosidad de la dermis, sin modificar los rasgos ni aportar volumen artificial.
A diferencia de otros procedimientos, su efecto no busca corregir de inmediato, sino que restaurar la calidad estructural de la piel en el tiempo, lo que explica por qué se ha posicionado como un complemento habitual dentro de los protocolos de rejuvenecimiento facial y corporal.
Mito 1: “Es literalmente inyectarse salmón en la cara”
Falso. Lo que se utiliza no es tejido de pescado, sino ADN purificado y fraccionado en laboratorio bajo estrictos controles de calidad, que se transforma en un producto biocompatible con el ser humano. El proceso elimina cualquier resto de material biológico original; lo que llega a la piel es una molécula purificada, no salmón.
“Es probablemente el principal malentendido que existe en torno a este tratamiento. El nombre ‘ADN de salmón’ es más bien una forma coloquial de referirse a su origen. El paciente no recibe tejido de salmón, sino un producto purificado y formulado específicamente para su uso médico”, aclaró Cristóbal Carrasco.
Mito 2: “Es lo mismo que el ácido hialurónico”
Falso. Mientras el ácido hialurónico aporta volumen de forma inmediata al rellenar un espacio, los polinucleótidos no rellenan: estimulan a las células de la piel para que produzcan colágeno y elastina de forma progresiva. Por eso el efecto es más gradual y natural, sin cambiar los rasgos del rostro.
“Es importante diferenciar un tratamiento que busca rellenar de uno que busca mejorar la calidad de la piel. El ácido hialurónico puede utilizarse para aportar volumen o definir determinadas estructuras, mientras que los polinucleótidos apuntan principalmente a mejorar las condiciones de la piel y estimular procesos regenerativos”.
“Por eso muchas veces hablamos de tratamientos complementarios y no necesariamente de procedimientos que compiten entre sí”, señaló el especialista.
Mito 3: “Los resultados se ven de inmediato”
Falso. Al tratarse de un estímulo biológico y no de un relleno, los efectos son progresivos. Según la evidencia disponible, la mejora en la calidad de la piel suele notarse alrededor de los 14-21 días, y continúa optimizando en las semanas siguientes, a medida que el organismo genera nuevo colágeno.
“Una de las cosas que hay que entender es que este no es un tratamiento pensado para generar una transformación inmediata. Al estimular progresivamente la piel, los resultados aparecen con el tiempo. Es importante que el paciente tenga expectativas realistas y entienda que estamos hablando de un proceso de bioregeneración”, explicó el médico.
Mito 4: “Es un tratamiento riesgoso o experimental”
Falso. Los polinucleótidos cuentan con estudios publicados en revistas científicas que respaldan su perfil de seguridad y muestran resultados favorables en medicina estética. Se trata de un procedimiento mínimamente invasivo, mediante microinyecciones en la dermis, con una tasa de efectos adversos baja —principalmente asociada a la técnica de inyección, como hematomas leves— y sin mayor tiempo de recuperación. No se recomienda, eso sí, en personas embarazadas o con determinadas enfermedades autoinmunes.
“Como ocurre con cualquier procedimiento médico, que sea mínimamente invasivo no significa que esté exento de riesgos. La seguridad depende, entre otras cosas, de una correcta evaluación del paciente, de utilizar productos adecuados y de que el procedimiento sea realizado por un profesional capacitado. Antes de indicar un tratamiento tenemos que evaluar si realmente es apropiado para esa persona y cuáles son sus expectativas”, afirmó el doctor Carrasco.
Mito 5: “Sirve solo para arrugas”
Falso. Además de las líneas de expresión, los polinucleótidos se utilizan para tratar ojeras y piel fina del contorno de ojos, fotoenvejecimiento, cicatrices de acné y piel apagada o desvitalizada por estrés o falta de sueño. También se aplican en zonas como cuello, escote y manos.
“No necesariamente estamos buscando tratar una arruga puntual. En muchos pacientes el objetivo es mejorar la calidad general de la piel: que se vea más hidratada, luminosa, firme y con una mejor textura. Por eso puede ser una herramienta interesante en zonas donde la piel es más fina o donde queremos mejorar su calidad sin generar volumen”, comentó el jefe del área de Medicina Estética de Clínica Terré.
Mito 6: “Una sesión es suficiente para siempre”
Falso. Como todo tratamiento de bioregeneración, requiere un protocolo de varias sesiones — generalmente entre tres y cuatro, espaciadas cada 14-21 días entre sí— para lograr el efecto de regeneración. Los resultados suelen durar entre tres y seis meses, dependiendo del tipo de piel, la edad y los hábitos de cada paciente. Pero, en términos generales, realizando el ciclo completo cada 6 meses, se logra el efecto de mantención.
“No existe un tratamiento estético que detenga el proceso natural de envejecimiento. Los polinucleótidos pueden formar parte de una estrategia de cuidado y prevención, pero los resultados dependen de las características de cada paciente, del protocolo utilizado y también de factores como la exposición solar, el tabaquismo y el cuidado diario de la piel. Por eso es importante personalizar la indicación y no pensar que una sola sesión va a resolverlo todo”, sostuvo Cristóbal Carrasco.