Ana Paula Barragán es una de las víctimas de la masacre ocurrida el pasado 1 de septiembre en Atizapán de Zaragoza (México), ataque que tuvo como blanco principal a su esposo, el músico Jonathan Meléndez.

El crimen causó conmoción no solo en el país norteamericano, sino que también en el resto del mundo debido a los escabrosos detalles.

Y es que no solo Meléndez y Barragán fueron asesinados, sino que también su pequeña hija de 3 años, una asesora del hogar que se encontraba en la casa al momento del ataque y la mascota de la familia.

Además, horas después de conocerse la noticia, se confirmó que Ana Paula estaba embarazada: tenía al menos cuatro meses de gestación.

Hasta el momento hay dos personas detenidas por esta masacre, entre ellas el empresario argentino Diego Sebastián Rosen Ferlini.

Si bien las autoridades mexicanas no han confirmado ninguna hipótesis sobre la masacre, trascendió que Meléndez y Rosen mantenían una relación comercial y de confianza, lo que habría facilitado su ingreso al inmueble.

Lo que se sabe de Ana Paula Barragán

Ana Paula Barragán era la esposa del tecladista y fundador de la banda Camilo Séptimo.

De acuerdo a Milenio, la madre de 35 años mantenía una vida discreta y redes sociales, específicamente en Instagram, mantenía una cuenta privada.

Sin embargo, su perfil (@anapaugb) pudo ser identificado debido a que Meléndez solía etiquetarla en algunas publicaciones.

En la plataforma, Ana Paula sumaba más de 700 publicaciones y alrededor de 130 seguidores.

Como mencionamos, Barragán no era una figura pública, por lo que se desconocen detalles de su vida personal y profesional.

Lo que sí se pudo confirmar es que su relación con Jonathan data desde hace al menos 2022 y que siempre, tanto ella como el músico, mantuvieron su vida familiar con discreción.

Además de su pequeña de 3 años, Meléndez tenía un hijo de 6 años y fue el único sobreviviente del ataque.

El menor de edad fue encontrado con vida dentro del departamento y las autoridades indicaron que el menor no presentaba lesiones ni señales de violencia.