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La increíble historia de Julia Hill: vivió 738 días en un árbol para salvar una secuoya milenaria

La increíble historia de Julia Hill: vivió 738 días en un árbol para salvar una secuoya milenaria
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La vida de Julia “Butterfly” Hill dio un giro radical tras sobrevivir a un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida. Aquella experiencia la llevó a replantearse su existencia y buscar un nuevo propósito, el que finalmente encontró en el contacto con la naturaleza y la defensa del medioambiente.

Nacida en Mount Vernon, Missouri, Julia creció en una familia marcada por los constantes viajes. Su padre, Dale Edward Hill, era predicador, por lo que recorrían distintos lugares en una casa rodante llevando la palabra de Dios.

Ese estilo de vida itinerante hizo que la joven fuera educada en casa y pasara gran parte de su adolescencia reflexionando sobre su propósito personal.

El punto de quiebre llegó en agosto de 1996, cuando tenía 22 años. En esa fecha sufrió un grave choque protagonizado por un Ford Bronco, que destruyó por completo su vehículo. Aunque logró sobrevivir, la experiencia la impulsó a profundizar en su espiritualidad, una búsqueda que terminaría conduciéndola a los bosques de secuoyas de California.

La secuoya “Luna” que cambió la vida de Julia Hill

Tras acercarse a grupos ambientalistas, Julia viajó al condado de Humboldt para protestar contra la tala de secuoyas milenarias en terrenos pertenecientes a la empresa Pacific Lumber Co.

Inicialmente su idea era permanecer allí solo una semana. Sin embargo, los activistas decidieron que alguien debía mantenerse en el lugar para impedir la tala.

Fue entonces cuando la joven —que adoptó el nombre de “Butterfly”— se ofreció como voluntaria para subir a una secuoya bautizada como “Luna”.

El impacto que tuvo aquel bosque en ella fue profundo. Según recordó en su sitio web: “Cuando entré por primera vez a la majestuosa catedral del bosque de secuoyas, mi espíritu supo que había encontrado lo que buscaba. Caí de rodillas y comencé a llorar porque me sentí abrumada por la sabiduría, la energía y la espiritualidad que albergaba este templo, el más sagrado de todos”.

Lo que comenzó como una protesta breve terminó extendiéndose por 738 días, convirtiéndose en una de las acciones ambientales más conocidas de Estados Unidos.

Dos años viviendo en un árbol

Julia trepó por primera vez al tronco de “Luna” el 10 de diciembre de 1997. El ascenso no fue sencillo. En conversación con BBC recordó ese momento clave: “Estaba atada a un arnés… y a unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí los ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía”.

Durante su permanencia en la copa del árbol vivió en dos pequeñas plataformas construidas de manera artesanal. Allí aprendió distintas técnicas de supervivencia, además de convivir con el entorno natural y con animales del bosque.

Incluso relató su curiosa relación con las ardillas voladoras que frecuentaban el lugar: “Hice todo lo posible para no domesticarlas, pero ellas encontraron cada (bocado de comida) que yo dejaba caer”.

Pese a lo aislado del lugar, no estaba completamente sola. Dos veces por semana, un grupo de jóvenes le llevaba alimentos, combustible para la estufa y retiraba sus desechos.

Hostigamientos y condiciones extremas

Su protesta no estuvo exenta de dificultades. Durante los inviernos debió enfrentar tormentas, granizo y temperaturas bajo cero. En ese periodo, los vientos asociados al fenómeno de El Niño alcanzaron gran intensidad, dañando incluso el refugio que había construido, informó La Razón.

La empresa Pacific Lumber, propietaria del terreno, también buscó terminar con la protesta. Según recordó la propia Hill años después, la compañía la catalogó como una peligrosa “ecoterrorista”.

Además, denunció distintos intentos de hostigamiento: interrupciones en el suministro de alimentos, gritos durante la noche para impedir que durmiera e incluso vuelos de helicóptero para incomodarla.

El acuerdo que salvó a “Luna”

Finalmente, tras 2 años y 8 días, el 18 de diciembre de 1999, Julia Hill puso fin a su protesta luego de alcanzar un acuerdo con Pacific Lumber.

El pacto estableció que 60 metros de bosque alrededor de la secuoya “Luna” quedarían protegidos, evitando su tala. Paralelamente, los activistas reunieron unos 50 mil dólares, que fueron donados a la Universidad Estatal de Humboldt.

En una entrevista posterior con SFGate, Hill reflexionó sobre aquella experiencia: “Sé que no todo el mundo puede vivir en un árbol durante dos años”.

Luego añadió una potente crítica al debate económico detrás de la tala: “Y nadie debería tener que vivir en un árbol durante dos años, solo para que esté protegido. Pacific Lumber habla de economía, pero ¿cómo puede alguien ponerle precio (a un árbol como Luna)?”.

También reconoció que su acción generó opiniones divididas: “Entiendo que todos nos regimos por valores diferentes. Para algunas personas soy una hippie sucia que abraza los árboles. Pero no entiendo cómo alguien puede usar una motosierra para talar un árbol como este. Cualquiera que quiera cortar un árbol como este debería pasar dos años allí primero”.

El legado de la protesta

Más de dos décadas después, la secuoya “Luna” sigue en pie. Actualmente se encuentra bajo la administración de la organización Sanctuary Forest, que monitorea su estado de forma constante, consignó Ethos.

Julia Hill, convertida en un símbolo del activismo ambiental, continúa visitando el árbol que cambió su vida —y que ella misma considera su “maestra”— al menos un par de veces al año.

Hoy, sin embargo, el árbol permanece protegido y fuera del alcance de turistas, con el objetivo de evitar daños en sus raíces y preservar su integridad.