Ketamina: los graves daños que puede provocar en la vejiga y sus primeras señales de alerta
Un impactante testimonio de una joven chilena sobre su lucha con el consumo de ketamina se volvió viral por estos días en las redes sociales al evidenciar las graves secuelas que le provocó en su organismo.
En el registro, una joven de 28 años relató las graves consecuencias que, según su testimonio, habría experimentado después de consumir esta sustancia durante un periodo prolongado.
Su relato generó impacto en redes sociales y puso el foco en una consecuencia poco conocida de la ketamina: el daño que puede provocar en el sistema urinario.
Aunque sus efectos suelen asociarse a alteraciones de la percepción y la conciencia, el consumo frecuente también puede afectar directamente la vejiga. En algunos casos, el deterioro puede avanzar hasta comprometer otros órganos del sistema urinario.
¿Qué le hace la ketamina a la vejiga?
La ketamina es un anestésico utilizado tanto en medicina humana como veterinaria, pero también se consume de manera recreativa por sus efectos disociativos y de alteración de la percepción.
Cuando se utiliza con fines médicos, su administración se realiza bajo supervisión profesional. En cambio, en el consumo recreativo existe además el riesgo de desconocer la composición o concentración de la sustancia utilizada.
En Chile, este último punto adquiere especial relevancia. Un estudio realizado por el Instituto de Salud Pública (ISP), en el marco del Sistema de Alerta Temprana de Drogas que coordina SENDA, analizó 96 muestras de ketamina incautadas durante 2024. El 82% correspondía a mezclas de sustancias, mientras que el análisis también alertó sobre escenarios de exposición asociados a riesgos para la salud urinaria.
Pero el riesgo no termina cuando desaparecen los efectos inmediatos de la droga.
Según explica Nicolás Saá Muñoz, académico del Departamento de Ciencias Clínicas y Preclínicas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), la ketamina y sus metabolitos son eliminados a través de la orina y pueden generar un efecto dañino sobre el revestimiento de la vejiga.
“La sustancia también puede aumentar la presión arterial y la frecuencia cardíaca. En dosis elevadas, especialmente cuando se combina con alcohol, opioides o sedantes, puede provocar pérdida de conciencia, depresión respiratoria e incluso la muerte”, señala.
A nivel urinario, la exposición reiterada puede provocar inflamación y lesiones en la vejiga. Con el tiempo, este proceso puede generar fibrosis, haciendo que el órgano pierda elasticidad y capacidad para almacenar orina.
Esta condición se conoce como cistitis inducida por ketamina y ha sido descrita en la literatura médica como una complicación asociada al consumo frecuente de la sustancia.
Los síntomas que pueden confundirse con una infección urinaria
Uno de los problemas es que las primeras señales pueden parecerse a las de una infección urinaria común.
Entre los síntomas se encuentran la necesidad frecuente y urgente de orinar, ardor al hacerlo, dolor pélvico y sangre en la orina. También pueden aparecer dolor abdominal o lumbar, incontinencia y una disminución en la cantidad de orina.
“En casos graves, la lesión puede comprometer los uréteres, dificultar la salida de orina y causar dilatación o insuficiencia renal”, advierte Saá.
La evidencia médica indica que, a medida que el daño progresa, la vejiga puede contraerse y perder gran parte de su capacidad. En los casos más avanzados también pueden aparecer estrechamientos de los uréteres, dilatación de las vías urinarias y daño renal.
Por eso, la aparición persistente de estos síntomas en una persona que consume ketamina requiere evaluación médica y no debería atribuirse automáticamente a una infección urinaria.
¿El daño puede ser reversible?
La evolución depende, entre otros factores, del nivel de daño alcanzado. La evidencia disponible indica que suspender el consumo es una de las medidas fundamentales para evitar que la enfermedad continúe progresando y puede favorecer una mejoría de los síntomas en etapas iniciales.
En cambio, cuando ya existe fibrosis, una vejiga severamente contraída o compromiso del tracto urinario superior, pueden quedar lesiones permanentes y ser necesario recurrir a tratamientos urológicos especializados. En los cuadros más graves, incluso pueden evaluarse procedimientos quirúrgicos.
El especialista de la UCSC enfatiza que conocer estos riesgos es clave para evitar que las señales de alerta pasen inadvertidas.
“Entregar información clara sobre los riesgos, evitar normalizar el consumo recreativo y favorecer la consulta temprana frente a señales de dependencia son medidas relevantes para prevenir complicaciones. Esto cobra especial importancia cuando la sustancia se consume junto a otras drogas o alcohol, debido al aumento de los riesgos asociados”, concluyó.