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Joven cambió su alimentación para tratar hongos y la dieta puso en grave riesgo su salud

Henya Mania | Instagram
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Una bloguera vegana intentó curar una persistente infección por hongos a través de una alimentación saludable, sin embargo, su preocupación llegó tan lejos que terminó con un trastorno alimentario denominado ortorexia.

Este cuadro, que si bien no cuenta con una definición clínica, indica una obsesión por consumir alimentos saludables hasta llegar a un punto en que la situación se vuelve justamente todo lo contrario, poco saludable.

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Henya Perez, de 28 años, llevó a cabo una dieta vegetal de alimentos crudos, conocida como alimentación Raw, luego de leer que podría curar su infección por hongos. En este sentido, ella comía solo frutas y vegetales crudos hasta las cuatro de la tarde, sin azúcar ni sal.

Pasé la mayor parte del tiempo pensando en comida, haciendo planes, comprando comida, publicando fotos de comida y, por supuesto, comiendo“, señaló la joven al medio inglés Metro.co.uk.

style=" color:#000; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none; word-wrap:break-word;" target="_blank" rel="noopener">Jetlagged brekky at 5pm at @mahalosthlm 😍😍😍 Fully vegan, super fresh and extra delicious! #vegan #stockholm #mahalo

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Henya aseguró que comía mucha fruta y solo preparaba una comida para la cena. Usualmente al desayuno consumía un batido de 10 plátanos con azúcar de coco y para el almuerzo consumía de uno a dos kilos de cualquier fruta.

El hecho de obligarse a ingerir cerca de 2.500 calorías por día, significó que pronto comenzara a experimentar síntomas de fatiga, diarrea, náuseas y colon irritable. “Para la cena preparaba arroz y vegetales, alcanzando unas mil calorías o bien papas asadas con el mismo índice calórico“, aseguró, pero durante todo el día podía ingerir entre 2.500 a 5.000 calorías, pensando en que ese era el ideal de una vida saludable.

Ni siquiera podía dormir bien sabiendo que no había terminado mi cena, así que me despertaba cada ciertas horas para comer más hasta que completara las mil calorías de la cena“, agregó.

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Fue entonces que comenzó a darse cuenta que su preocupación por comer sano se estaba transformando en una dañina obsesión. Además, esta situación también mermó su vida social e incluso actividades relacionadas con su trabajo.

Consumir tantas calorías y alimentos altos en fibra todos los días provocó estragos en su organismo, como tener que ir al baño cerca de una docena de veces. Me sentía deshidratada todo el tiempo, pese a que tomaba cerca de cuatro litros al día. Además, me daba hambre muy rápido y me enojaba mucho“, detalló.

Pese a que sabía que algo andaba mal, no puso límites y su punto de inflexión llegó solo cuando en un viaje a Tailandia comió fruta contaminada, lo que la hizo volver a una dieta vegana pero no tan restrictiva. “Me sentía cansada la mayor parte del tiempo al tener que digerir tanta comida. No estaba digiriendo los alimentos que no eran parte de la dieta como la sal, el aceite e incluso algunas comidas elaboradas“, sumó.

Es justamente por su desagradable experiencia anterior, que Henya quiso compartir su historia con la esperanza de aumentar la conciencia sobre la ortorexia, y aunque aún le ha costado dejar algunos hábitos, sigue luchando a diario con sus ansiedades y ha conseguido llevar una vida bastante más equilibrada.

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