Chile registró 2.682 casos de gonorrea durante 2025, en un escenario marcado por el aumento sostenido de la infección. Según el informe epidemiológico anual del Minsal, la tasa de notificación se multiplicó por 2,5 entre 2021 y 2025, hasta alcanzar los 13,3 casos por cada 100 mil habitantes. En el período, los hombres concentraron el 79% de las notificaciones.
Según explicó el doctor Christian Martínez, urólogo de Clínica MEDS, “el aumento sostenido se explica por la disminución en el uso del preservativo, asociada a una menor percepción del riesgo y al aumento en el uso de la PrEP para prevenir el VIH. También influye una mayor cantidad de parejas sexuales”.
Agregó que “el 79% de los casos se concentra en hombres, quienes tienden a tener más parejas sexuales que las mujeres y son más sintomáticos, lo que favorece la consulta médica y el diagnóstico. En las mujeres, en cambio, la infección suele ser asintomática, lo que contribuye a su subdiagnóstico”.
En este sentido, el especialista precisó que “se transmite exclusivamente a través del contacto sexual no protegido, ya sea vaginal, anal u oral con una persona infectada, ya que la bacteria neisseria gonorrhoeae prospera y prolifera principalmente en mucosas cálidas y húmedas”.
Prevención de la gonorrea
Respecto de las medidas de prevención asociadas a esta infección, indicó que “la única forma efectiva de prevención es el uso correcto y consistente del condón, además de la limitación en el número de parejas sexuales“.
“También existe una estrategia preventiva post exposición, llamada Doxy-PEP, que consiste en tomar 200 mg de doxiciclina dentro de las 72 horas posteriores a una conducta sexual de riesgo y que podría disminuir el riesgo de desarrollar infección por gonorrea”
Los síntomas
En relación con los síntomas, señaló que “son la disuria, que es el ardor o el dolor intenso al orinar, y una secreción purulenta por la uretra, que suele ser de color blanco, amarillo o verdoso. En algunos casos, puede presentarse dolor o inflamación en alguno de los testículos”.
“Estos síntomas aparecen entre dos y 14 días después del contacto sexual de riesgo, aunque es más frecuente que se manifiesten entre el segundo y el quinto día”, detalló Martínez.
El profesional añadió que “la evidencia epidemiológica muestra que la mayor carga de esta infección se concentra en poblaciones jóvenes, entre los 15 y los 29 años. El peak de diagnóstico suele darse en el segmento de 20 a 24 años, coincidiendo con las etapas de mayor actividad sexual y experimentación”, añadió.
Entre las complicaciones de una gonorrea no tratada, el urólogo advirtió que la infección puede provocar un estrechamiento de la uretra y extenderse al aparato reproductor, causando epididimitis.
Esta es una inflamación dolorosa que, en casos graves o recurrentes, puede dejar cicatrices e incluso provocar infertilidad.
Asimismo, señaló que la inflamación de las mucosas aumenta el riesgo de contraer otras infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH.
El facultativo también advirtió que esta infección de transmisión sexual puede cursar sin manifestaciones.
“Aunque la gonorrea suele dar síntomas en los hombres, hay un 10% que puede ser asintomática. Y esto es más crítico aún si la infección se aloja en la faringe, por sexo oral, o en el recto, donde es asintomática en más del 80% de los casos”
Además, aclaró que “el gran riesgo de no tener síntomas es la propagación silenciosa de la epidemia a nuevas parejas y el avance de la infección, que puede derivar en complicaciones anatómicas severas sin que el paciente se dé cuenta”.
Cómo se diagnostica
Respecto del diagnóstico, el urólogo de Clínica MEDS explicó que “es rápido y poco invasivo. Se realiza mediante una prueba de biología molecular, una PCR, a través de una simple muestra de orina del primer chorro o mediante un hisopado indoloro de la faringe o del recto, dependiendo de las prácticas sexuales del paciente”.
Finalmente, recomendó realizarse un chequeo ante la sospecha de una infección de transmisión sexual, incluso en ausencia de síntomas, o si una pareja sexual informa haber recibido un diagnóstico.
También aconsejó controles preventivos cada tres, seis o 12 meses, según el nivel de actividad sexual, especialmente en personas con múltiples parejas o conductas de riesgo.