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El académico de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, Francisco Álvarez, señaló que no todos los repelentes disponibles en el mercado son efectivos contra los zancudos, destacando que aquellos que contienen DEET, icaridina o IR3535 son los más respaldados científicamente. Advirtió sobre la limitada eficacia de la citronela, pulseras repelentes y otros remedios caseros. Recomendó concentraciones cercanas al 30% de DEET en casos de alta exposición y mencionó las ventajas de la icaridina y la seguridad del IR3535. Insistió en la importancia de la correcta aplicación del repelente y de seguir las indicaciones del fabricante para una protección efectiva.
En medio del aumento de zancudos en algunas zonas del país, como en el Gran Concepción, no todos los repelentes disponibles en el mercado cumplen realmente su función.
Para evitar picaduras y posibles riesgos sanitarios, su uso se ha vuelto una medida clave. El académico de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Francisco Álvarez, detalló cuáles ingredientes sí cuentan con respaldo científico y cuáles no ofrecen protección efectiva.
“Los repelentes que han demostrado eficacia real son aquellos que contienen DEET, icaridina (también conocida como picaridina) o IR3535. Son compuestos con respaldo científico y efectividad comprobada en condiciones de uso cotidiano”, afirmó el especialista.
Asimismo, fue claro al advertir sobre productos populares que no cuentan con evidencia científica sólida.
“La citronela tiene un efecto bastante limitado y de corta duración. Del mismo modo, las pulseras repelentes, los dispositivos ultrasónicos y varios remedios caseros no han demostrado eficacia en estudios controlados”, sostuvo.
En ese sentido, enfatizó que muchas personas eligen productos por su origen publicitado como “natural” o por otras estrategias de marketing, sin considerar su efectividad real.
¿Qué significa cada compuesto?
El experto explicó que, en el caso del DEET, la concentración no determina que el producto sea más potente, sino la duración de su efecto.
Por ejemplo, un repelente con DEET al 10% puede proteger por cerca de dos horas, mientras que concentraciones entre 20% y 30% pueden extender la protección entre cuatro y ocho horas.
En esa línea, Álvarez recomendó optar por concentraciones cercanas al 30% en contextos de alta exposición o jornadas prolongadas al aire libre.
Respecto a la icaridina, indicó que ofrece una protección similar al DEET, pero con ventajas adicionales. Este compuesto presenta menor olor, mejor tolerancia en la piel y mayor aceptación cosmética.
Por su parte, el IR3535 destaca por su seguridad, especialmente en niños o personas con piel sensible, aunque su duración es más acotada, por lo que requiere reaplicaciones. La duración promedio de su efecto es de cuatro a seis horas.
Así se deben aplicar los repelentes en el cuerpo
El especialista también recalcó que el uso correcto del repelente influye directamente en su eficacia. Para que tenga resultados positivos, se debe aplicar sobre la piel expuesta, evitando zonas sensibles como ojos, mucosas, heridas o irritaciones.
En el caso de los niños, se recomienda que un adulto aplique el producto, evitando manos y rostro.
Además, insistió en la importancia de reaplicar según las indicaciones del fabricante, especialmente en situaciones de sudoración o exposición prolongada al aire libre u otros espacios.
“El mensaje es claro: la protección efectiva depende del principio activo y del contexto de uso”, concluyó el académico, subrayando que elegir bien el repelente puede marcar una diferencia importante frente al aumento de insectos.