Cada 15 de enero, en medio de las temperaturas más altas del verano, los chilenos celebran una de las preparaciones más emblemáticas y refrescantes de la temporada estival: el Día del Melón con Vino.
Este tradicional brebaje, ideal para capear el calor, combina la dulzura del melón maduro con vino blanco bien frío, dando como resultado una mezcla simple, pero profundamente arraigada en la cultura popular.
El clásico melón ahuecado y relleno con vino blanco es una postal habitual de reuniones familiares, celebraciones y tardes veraniegas.
Con el paso del tiempo, el popular “Melvin” ha ido evolucionando, dando paso a distintas versiones y formas de servirla, aunque su esencia se mantiene intacta.
Según explicó Herman Villagrán, uno de los impulsores de esta conmemoración, en declaraciones a Emol, “el melón con vino representa la unión de los chilenos en torno a las festividades, porque es un trago para compartir”.
La receta infalible para un melón con vino perfecto para el verano
Se trata de una receta popular, sencilla y fácil de preparar prácticamente en cualquier lugar, siempre que se cuente con los ingredientes y utensilios básicos.
En ese contexto, el portal Marca Chile compartió la receta infalible para preparar la versión más tradicional de este refrescante brebaje.
Ingredientes
1 melón tuna maduro
½ litro de vino blanco
Azúcar blanca granulada a gusto
Preparación
- Cortar una capa fina en uno de los extremos del melón, sin traspasar la pulpa, para que pueda apoyarse de forma estable.
- En el extremo opuesto, cortar una tapa y, a través del orificio, ahuecar el melón con la ayuda de una cuchara grande, raspando la pulpa con cuidado de no dejar la cáscara demasiado delgada.
- Licuar una parte de la pulpa con 300 cc de vino blanco y azúcar a gusto. El resto de la pulpa se corta en cubos grandes. Luego, incorporar todo dentro del melón y refrigerar por al menos tres horas.
- Tras reposar unas horas, servir frío, idealmente con bombillas y una cuchara para revolver.
- Como alternativa, se puede pelar el melón, retirar las semillas, cortarlo en cubos y servirlo en una jarra con hielo y vino blanco.
Una tradición simple, refrescante y profundamente chilena que cada verano vuelve a reunir a miles de personas en torno a un clásico infaltable de la temporada.