Desde que Meghan Markle contrajo matrimonio con el príncipe Harry en mayo pasado, no han parado de acaparar portadas con sus viajes y cada una de las actividades que realizan.

La exactriz también ha llamado la atención por su estilo a la hora de vestir, lo que la ha convertido en un referente de la moda, pero no sólo cosas buenas la tienen en la palestra, pues desde que llegó a la realeza su familia, en especial su hermana Samantha y su padre, no han parado de revelar detalles de su vida, que no la dejan bien ante la opinión pública.

Primero fue su aparición en el palacio de Kensington el pasado octubre, donde no la dejaron entrar, y luego la carta que le envió por Navidad en la que le pedía que se reconciliara con su padre.

Son precisamente estas acciones las que han puesto en alerta a la policía británica, quienes consideraron a la mujer una persona obsesionada, lo que motivó que la incluyeran en su lista de personas por vigilar, por el riesgo que significa que avergüence a la familia real.

De acuerdo a lo consignado por The Times la mujer es considerada un riesgo más que una amenaza por el daño que puede llegar a causar a la reputación de Meghan y la familia real.

“Alguien como Samantha presenta un riesgo más que una amenaza. No está cometiendo delitos, pero está causando preocupación a la familia real británica. Samantha podría hacer una escena y crear titulares con sus acciones y, siendo sinceros, ya lo ha hecho”, comentó una fuente de Scotland Yard al diario británico.

Tras esto, la mujer no se quiso quedar callada y entregó su versión en Twitter donde catalogó la situación como una ridiculez.

“Esto es ridículo. Estoy en silla de ruedas eléctrica y vivo en un continente diferente. Abogar por hacer lo correcto por nuestro padre no es una obsesión”.