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Angélica Sepúlveda lamentó repentino quiebre amoroso: “Lo veo preparando la maleta y dice que se va”

Angélica Sepúlveda lamentó repentino quiebre amoroso: “Lo veo preparando la maleta y dice que se va”
Editada por Página 7

Una tarde, Angélica Sepúlveda vio a Gürsel Saglam armando la maleta. Dos horas después, él se había ido. Así describió la exchica reality el final de su relación con el galán turco con quien estuvo cerca de casarse este año.

Lo contó en una publicación de Instagram, donde reconoció que este nuevo quiebre fue sorpresivo y muy difícil, pero que hoy se encuentra sanando.

“Todo iba bien”

En marzo pasado, la ganadora de Granjeras había revelado que canceló el matrimonio con Saglam, aunque ambos seguirían en pareja. Con el tiempo, las cosas no funcionaron y todo indica que fue él quien decidió terminar.

Ella reconoció que la relación tuvo altos y bajos, pero que se daban una nueva oportunidad. “Todo (para mí) iba bien. La última semana tuve mucho trabajo y varios imprevistos tristes en mi entorno familiar que me tenían nerviosa y sensible; él me escuchó y apoyó”, escribió.

Luego llegó el giro. “Una tarde, sorpresivamente lo veo preparando la maleta y me dice que se va a Turquía, que entendió (no sé qué cosa), que lo pensó tres días y no había nada que hablar…. Dos horas más tarde se despidió y se fue”, relató.

En el mismo texto, Angélica Sepúlveda habló de lo que esto significó él para ella: “Amé intenso, como nunca antes, sin miedo. Di lo mejor que pude, porque sus abrazos me generaron confianza, calidez, calmaban mi vida loca, risas de alegría, zona de confort”, manifestó.

Una herida antigua

Sepúlveda explicó que los días posteriores fueron complejos. Primero se quedó inmóvil, y después llegaron las preguntas, las imágenes en su mente, la tristeza, el dolor, la rabia y el odio. Lloró sin encontrar respuestas hasta quedarse dormida.

Según dijo, las lágrimas no eran por él, sino por ella misma, porque se sintió sola, abandonada y vulnerable. Más tarde entendió el motivo, ya que a los dos años había vivido algo parecido, y eso la devolvió a su “niña herida”, que creía sanada.

Para enfrentarlo, viajó al campo con sus padres. “Gracias por llegar y lograr reconocer en mí tantas heridas que creí cerrada; gracias a todos los que me llenaron de historias, palabras bonitas y empatizaron conmigo desde la distancia. Hoy no tengo odio, ni rabia, enfocada mil en mí… Carpe diem“, concluyó.