Sociedad

2021-06-06T16:29:25-04:00 06 junio, 2021, a las 16:29Publicado por: Pablo Cabeza

Pinkwashing: la trampa del capitalismo para ser aliados LGBTIQ+ solo por un mes

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Archivo | Agencia UNO

Llegó junio y para la comunidad LGBTIQ+ alrededor del mundo, es un mes para celebrar el “orgullo” de ser tú mismo y conmemorar los disturbios de Stonewall, ocurridos en la ciudad de Nueva York en 1969.

Fue en esa década que en Estados Unidos se vivieron varias revoluciones que favorecieron el surgimiento de movimientos sociales que exigían paz (Guerra de Vietnam) y el cese de la discriminación hacia personas de raza negra, entre otros conflictos.

En este contexto, se fueron formando pequeñas agrupaciones de homosexuales tanto en la costa este como oeste de ese país. En abril de 1969, en San Francisco se fundó el Comité de Libertad Homosexual (CHF, por sus siglas en inglés), organización que peleó por los derechos de la diversidad sexual, fundada por los activistas Leo E. Laurence y Gayle Whittington, los mismos que fueron despedidos de sus trabajos luego que un periódico local difundiera una foto de ellos abrazados.

En tanto, en la costa este, específicamente Nueva York, también se formaban las primeras manifestaciones de grupos LGBTIQ+ más radicales, y que no estaban de acuerdo con otros movimientos que ya existían, pues consideraban que eran demasiado ‘conciliadores’ y no se estaba luchando por una real reivindicación.

Es en este contexto que en junio de 1969, se produjeron varias manifestaciones en respuesta a una redada policial que hubo en el pub Stonewall Inn. Estas protestas impulsaron de manera definitiva el nacimiento del movimiento de liberación homosexual, tanto en ese país como en otras partes del mundo.

Esto fue solo el comienzo de una larga lucha por la reivindación de derechos civiles que han sido negados por décadas a la comunidad LGBTIQ+, además de exigir mayor protección del Estado y las policías frente a casos de discriminación por orientación sexual o expresión/identidad de género.

Y a lo largo de toda esta batalla, han existido marcas que efectivamente han aportado con visibilidad, programas de inclusión y también han defendido a la comunidad ante diversos escenarios, sin embargo, existen miles de otras que simplemente se suben al carro de la celebración solo durante este mes como una forma de captar más clientes y simpatizar con una causa que, en algunos casos, ni siquiera comprenden.

Esta práctica es conocida como “pinkwashing”. Si bien el término fue acuñado por la organización Breast Cancer Action, para definir las acciones de “una empresa u organización que afirma preocuparse por el cáncer de mama mediante la promoción de un producto de lazo rosa, pero que al mismo tiempo produce, fabrica y/o vende productos relacionados con la enfermedad”.

En el contexto LGBTIQ+, estas estrategias políticas y de marketing implementadas durante este mes, apelan a la condición de simpatizante LGBTIQ+, para mostrarse como progresistas y tolerantes, cuando en realidad no forman parte de la estrategia global de la compañía o de las políticas públicas de un determinado gobierno local o nacional.

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Archivo | Agencia UNO

En Chile, podemos ver a distintos municipios izar banderas de arcoíris para determinadas fechas cuando en realidad no poseen oficinas de diversidad ni tampoco implementan programas de ayuda para la comunidad trans, por ejemplo, siendo esta una de las más excluidas de la esfera pública.

Las marcas, por ejemplo, hacen lo suyo contratando rostros LGBTIQ+ para sus campañas cuando la verdad es que nunca antes han sido reclutados como rostros y tampoco se comprometen con otro tipo de campañas que no sean publicitarias, donde solo lavan su imagen y aumentan sus ingresos invitando a la diversidad sexual a sentirse representados por estas estrategias.

En esto también participan algunos rostros derechamente heterosexuales, hablan en representación de la comunidad, participan en foros y debaten sobre temas relacionados, apropiándose de un espacio que no les corresponde.

Parece ser que las marcas están convencidas de que lo LGBTIQ+ es una moda que hay que estrujar anualmente por unas cuantas semanas, y guardando silencio cuando a diario golpean y matan a personas alrededor del mundo solo por ser quienes son.

En nuestro país el escenario es bastante dramático. Recién en 2018 se aprobó la ley 21.120, “que reconoce y da protección al derecho y a la identidad de género” y en 2012 se aprobó una ley antidiscriminación (Ley Zamudio) que a la fecha ha demostrado ser ineficiente e incapaz de evitar las constantes agresiones que sufren las personas de la diversidad sexual.

Otras iniciativas duermen en el Congreso hace años, como el proyecto de matrimonio igualitario, pero al que -coincidentemente- el presidente Sebastián Piñera anunció, en su última cuenta pública, que le pondrá urgencia a su discusión.

El llamado, en definitiva, es a poner atención a las marcas, a los gobiernos y a los actores sociales y políticos durante este mes y corroborar si son coherentes con sus discursos y acciones.

La comunidad LGBTIQ+ no se vende, no es un produto, no es un bien de servicio ni de intercambio.

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