Marisa de Toledo es una mujer brasileña de 27 años que posee un don y una maldición al mismo tiempo: No puede sentir el dolor. Así lo revelan las cicatrices y ampollas que cubren todas sus manos, ya que al no poder percibir correctamente el peligro, es común que se accidente.
Esta mujer de la localidad de Angatuba (Sao Paulo) se ha quemado la lengua tantas veces, que ya no posee el sentido del gusto; también le tuvieron que amputar un dedo del pie. Desde pequeña se dio cuenta que algo raro ocurría con su cuerpo.
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“Cuando tenía siete años me rompí el tobillo y fue entonces cuando el médico me dijo que no sentía dolor. Andaba caminando normal. A pesar de que mi tobillo estaba hinchado, había caminado durante todo el día”, declaró a BBC Brasil.
Varias veces se golpeó e hirió, pero nunca la llevaron al médico. No fue hasta que su madre murió que visitó uno y la confirmaron que sufría analgesia congénita, una insensibilidad al dolor que padecen al menos 50 personas en todo el mundo.
“Todavía no entiendo nada. No siento dolor y eso no es normal, ¿no? Mi cerebro no envía señales, eso es lo que me dijo el médico. Una vez hasta me hicieron un examen en el que me tomaron un nervio de la pierna para ver qué era”, declaró.
Ella puede sentir el frío, pero no el calor, tal como se dio cuenta su marido un par de días después de su matrimonio: “Marisa estaba cocinado algo en una sartén. Y como no tenía paño de cocina, agarró la sartén con la mano (sin protección). Corrí y coloqué su mano en el fregadero, bajo el agua fría. El mango le había quemado en profundidad la piel de la mano (…) había piel suya pegada en la sarten”, detalló Givanildo.
En su primer parto le practicaron una cesárea sin anestesia: “El médico me dijo: ‘Voy a tener que cortar de todos modos’. Así que mi primera hija nació así, sin anestesia. El doctor me dijo que fue como cortar un cerdo, ya que no sentía dolor”.
Cuando dio a luz a su segunda hija, estaba cansada por las dos horas de viaje y se quedó dormida en medio del parto: “Mientras dormía se me olvidó que tenía a mi hija en el vientre. Y la enfermera gritó: ‘Su hija está naciendo. ¡Mire!’. Tenía la mitad fuera, la cabeza y los hombros. Así que hice fuerza para que saliera el resto”, afirmó.
Marisa afirma que le gustaría poder sentir el dolor: “Le pregunto a la gente cómo puede doler tanto un parto. E imagino cómo será. Un día quisiera sentirlo, aunque no creo que lo logre, porque no lo siento desde que era niña”, señaló con resignación.