Cuando la estadounidense Kelsey Byers iba a la secundaria, había logrado mantener su peso a raya gracias a actividades como danza, básquetbol y voleibol. Pero apenas entró a la universidad, se descontroló completamente entre salidas a tomar y comida chatarra y llegó a subir 22 kilos.

Debido a su aumento de peso, comenzó a tener problemas encontrando ropa de su talla y pagó 8 mil dólares por un ropero nuevo que halagara su cuerpo. Y aún así, un día escuchó a un tipo llamándola “ballena” a sus espaldas. En este punto, decidió darle un giro a su vida.

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“Estaba tan infeliz con la mujer que veía en el espejo. Pero en vez de deprimirme, decidí usarlo como motivación para hacerme un cambio”, explicó al portal de salud Yahoo! Health.

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Comenzó a limitarse a una salida de tragos por semana e iba frecuentemente al gimnasio para hacer media hora de elíptica. Pero la falta de apoyo de su familia y amigos le jugaba en contra “no tenía una animadora o un compañero de gimnasio. Mi grupo de amigos en la universidad seguían saliendo de carrete y a comer todo el tiempo”, precisó.

Además, no veía resultados de manera inmediata: “Me seguía pesando y más me desanimaba, porque el número no cambiaba a pesar de que ejercitaba mucho y que había cortado la comida chatarra”, explica.

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Las cosas cambiaron cuando fue trasladada a otra universidad, donde conoció a un chico fanático de levantar pesas, quien la introdujo en este mundo. Años más tarde, él se convertiría en su esposo y el padre de su hija.

Kelsey comenzó a levantar pesas y vio los resultados. Luego dejó el alcohol por un mes y bajó tres kilos en un mes. Finalmente, decidió que necesitaba una nutricionista de su lado.

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“Resultó que lo que verdaderamente necesitaba, era llevar mis ejercicios al otro nivel. Al comienzo, no sabía qué grupos musculares trabajaba ni lo importante que era la nutrición. No se trata de sólo cortar comida. Es sobre todo: cardio, levantar pesas y comer bien”, aseguró.

Hoy, Kelsey se encuentra en su mejor momento: sus libros sobre cómo bajar de peso se venden como pan caliente, tiene un buen estado físico y una bella hija de 2 años con la que comparte su amor por el ejercicio. Pesa 18 kilos menos y consume 2 mil calorías, lo cual es 800 calorías más de las que comía en su peor momento.

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Su secreto es comer cada tres horas, para un total de cinco comidas al día y asegurándose de conseguir 20 a 25 gramos de carbohidratos complejos y proteína magra.

Por ejemplo, para desayunar, se come cinco huevos con una taza de avena. Al almuerzo, va por pollo con brocoli y una papa. Hamburguesa de carne magra en pan integral con una palta para la once y dos batidos de proteína entre medio cada vez que le da hambre. Combinado con cardio y levantamiento de pesas, ha dejado su cuerpo como roca.

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“Cuando levantas peso y construyes músculo, el músculo te ayuda a quemar más calorías. Cuando combinas los dos, básicamente eres una máquina para quemar calorías”, afirma.

Su consejo para otras madres es superar la culpa y cortar las excusas. De hecho, ella se despierta media hora antes que su bebé para entrenar en las mañanas. “No te sientas mal por ir al gimnasio y no estar con tus hijos todo el tiempo. Los niños siguen tu ejemplo y no tus consejos”, concluye.

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