Casos de violencia contra la mujer como el de Nabila Riffo en nuestro país, o los asesinatos en Argentina de Lucía Pérez, Micaela García o el más reciente de Alejandra Oscari, quien fue quemada viva  presuntamente por su propio padre, han conmocionado al mundo.

A pesar de las campañas de prevención y movimientos potentes como #NiUnaMenos, las cifras en América Latina parecen no descender y la violencia en cada nuevo caso pareciera también ir en aumento. Según datos del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (Sernameg), 34 mujeres fueron víctimas de femicidio consumado en Chile durante 2016, y este año ya se registran 16 casos confirmados.

Lee también: Televidentes acusan violentas reacciones de Tony tras quiebre con Flavia en reality

Pero, ¿Cómo se puede prevenir una situación tan compleja como ésta? ¿Cómo identificar a un hombre violento o a un posible femicida? ¿Por qué muchas mujeres terminan siendo convencidas de continuar en una relación a pesar de las agresiones?

El morfopsicólogo Carlos Araya Nilo, en conversación con Página 7, comentó que el agresor normalmente identifica los inestables estados emocionales de su pareja en caso de violencia intrafamiliar o abusa de quienes no tienen la capacidad de poder defenderse. De acuerdo al experto, ante la posibilidad de trabajar constantemente la personalidad de los otros, el abusador se sentirá en la libertad de cambiar su forma de ser para adaptarse a la necesidad de la otra persona.

“Es evidente que el agresor primero tendrá la ‘gentileza’ de un caballero, potenciará su condición de ‘protector’ y con esto llevará a quien se sienta disminuido, a buscar refugio constante en él”, apuntó Carlos.

Por otra parte, indicó que también hay falta de amor propio en la persona violentada, producto “de una seguidilla de eventos que sólo buscan disminuir el ego interno y el orgullo de la persona, con la finalidad de que siempre se sienta culpable de la situación, aún cuando su propia vida o la de sus hijos pueda estar en peligro”.

“En la gran mayoría de los casos, la mujer que ha sido víctima de violencia siente que no tiene las capacidades para vivir lejos de esta persona, porque recuerden que el agresor ha construido la idea de protección y seguridad ante todo“, agrega el morfopsicólogo.

En este contexto, el especialista entregó ciertas claves para poder reconocer rasgos, movimientos y actitudes que podrían revelar cuándo estamos en presencia de una personalidad violenta.

Expresiones faciales

De acuerdo a Araya, la combinación de rasgos más común en una personalidad violenta está dada por ojos pequeños, con una expresión de acecho constante o la mirada desorbitada. Agrega que la nariz de un hombre con personalidad violenta viene acompañada de fosas nasales grandes. Esto le permite reconocer las emociones del entorno y en algunos casos, abusar de esa percepción.

Los ojos permitirán reconocer el entorno, pero sólo verán lo que para ellos es importante y al interpretar las emociones de las personas, sabrán en qué momento abusar de ellas. Estos rasgos por separado significan cosas muy distintas, pero es la combinación la que podría darles cierta tendencia a manifestar su agresión. Aquí lo que le permite actuar y tomar acción frente a su idea es tener un mentón pronunciado. En el caso de los hombres este rasgo es el que permite tomar decisiones, concretar, actuar frente a una idea y llevar a cabo lo que tienen en mente”, indica Araya.

Expresiones corporales

“Lo primero que debemos notar es la forma en que invaden nuestros espacios. Normalmente las personas violentas tienden a ingresar a nuestra zona íntima, que va desde los 15 a los 45 cm, y a la zona personal, que tiene una distancia entre los 46 a los 120 cm de distancia entre una persona y otra. Estos espacios son cedidos “voluntariamente” por nosotros cuando existe un vinculación, normalmente de índole emocional o, a su vez, cuando el lazo de confianza permite esa cercanía”, dice el experto, al que puedes contactar a través de su sitio web www.morfopsicologia.cl.

Wiki Commons

Indica además que dentro del comportamiento humano y la comunicación no verbal, sobresale también la postura de manos en la espalda, lo que se interpreta como una condición de auto-control para evitar decir o hacer algo de forma impulsiva.

Por otro lado, señala el experto, “el tono de voz debe ser siempre coherente con la expresión facial, pero quienes tienen altos niveles de ira en su comportamiento, tienen una clara tendencia a cambiar drásticamente el tono de su voz aparentando tener el control de la situación y en un tono casi irónico, repite las últimas palabras de la persona que tiene en frente”.

Tips

En caso que tengas sospechas de que una mujer cercana, familiar, amiga o vecina está siendo víctima de violencia, Araya, desde su experiencia como terapeuta familiar analizando compatibilidades de parejas, entrega otros elementos que podrían ser claves a la hora de ayudarte a reconocer a una persona agresiva, así como también a la mujer agredida, para que de esta manera puedas intervenir con mayor seguridad.

* La persona no es capaz de mantener un tono de voz adecuado y coherente al momento de comunicarse.

* Intenta constantemente invadir nuestra Zona Íntima (se acerca demasiado).

* Quien está controlando su ira, manifiesta incomodidad constante. Tendrá una tendencia a mirar a los costados de forma airada y evitará el contacto visual directo.

* El cuerpo asume una predisposición al acto de agresión. Empuña y oculta sus manos y, probablemente, antes de actuar, retrocede levemente para poder mantener su zona de seguridad.

* En las parejas se puede evidenciar en las preguntas cerradas y dirigidas. El agresor busca constantemente mantener el ritmo de la conversación, permitiéndole a su pareja participar sólo cuando se le pregunta algo de forma directa, siempre y cuando exista contacto directo visual para anticipar o exigir una respuesta.

* En caso de las mujeres violentadas, la sonrisa normalmente no afecta la rugosidad al costado de los ojos (sonrisa falsa) y se corta drásticamente cuando ya no es observada.

Cabe consignar, que es importante considerar la experiencia de vida de cada persona, su entorno social y familiar para hacer una evaluación completa de la evaluación.

Araya indica que los rasgos interpretados a través de la morfopsicología sólo determinan la predisposición natural de la personalidad y el carácter de las personas frente a alguna condición que pueda gatillar su ira, sus rabias o frustraciones.