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En medio de los incendios forestales en Biobío, Página7.cl visitó Punta de Parra, donde Alejandro Ortega perdió su casa construida por su madre en 1974, cargada de recuerdos familiares. La vivienda fue consumida por las llamas mientras él trabajaba en Concepción, pero gracias a un amigo, su hija y nietos fueron rescatados a tiempo. El impacto emocional es profundo, especialmente en los niños, y Alejandro lamenta que el incendio pueda haber sido provocado, expresando su indignación.
En medio de los devastadores incendios forestales que enlutan a la región del Biobío, Página7.cl llegó hasta Punta de Parra para conocer de primera fuente la realidad que enfrentan las familias damnificadas.
Una de ellas es la de Alejandro Ortega, vecino del sector que perdió su vivienda, un lugar con una historia de lucha y recuerdos familiares.
Con mucha pena, Alejandro relata que la casa que hoy quedó reducida a escombros había sido construida en 1974 por su madre, quien la dejó como herencia para sus hijos.
“Esta era la herencia de mi madre. Todos los recuerdos de nuestra vida, de nuestra niñez, pasaron aquí”, comentó.
El incendio en Punta de Parra alcanzó a su hija y nietos
Según explicó, su madre —quien tuvo cinco hijos— vivió en ese hogar hasta su fallecimiento el año pasado, tras una larga lucha contra el Alzheimer.
Alejandro fue quien la cuidó hasta el final. “Yo la cuidé hasta que falleció el año pasado, de Alzheimer. Yo creo que si hubiese visto esta tragedia, también hubiese sufrido mucho, así que qué bueno que no la ha vivido”, reflexionó.
La situación fue aún más dramática considerando que Alejandro no se encontraba en el lugar cuando se desató la emergencia. “Trabajo en Concepción y me tocó turno de noche, así que no estaba aquí”, relató.
Tal como explicó, gracias a un amigo, su hija, nietos y otra familia del sector lograron ser rescatados y “dos minutos después pasó el fuego y quemó la casa. Fue de milagro que escaparan”.
Alejandro reconoce que el impacto emocional es profundo, especialmente en los niños:
“Cuando salieron, el fuego estaba por todos lados, lenguas de fuego, viento, chispas, todo rojo, oscuro, puro humo. Yo no puedo magnificar lo que sintieron en ese momento”.
“Esos malditos no tienen perdón de Dios”
Sobre su hija, agregó que el trauma sigue muy presente: “Ella no sabe cómo salieron, cómo escaparon de esta guerra del fuego. Están con un gran trauma, pero al menos pudieron escapar, y eso es una alegría”.
Alejandro recién pudo enterarse de lo que pasaba cerca de las tres de la mañana: “Yo no supe nada más hasta que llegué al otro día. No había locomoción, me vine a pie de Penco hasta Lirquén”.
Finalmente, el vecino expresó su indignación ante la posibilidad de que el incendio haya sido provocado.
“Mucha gente dice que esto fue hecho por mano humana. Esos malditos no tienen perdón de Dios, por el sufrimiento y el dolor que causan”, concluyó.