Ya está en librerías el texto titulado ¡Tengo hambre, papá!, el primer libro de cocina del conocido chef Benjamín Nast.
El empresario gastronómico y jurado de Top Chef VIP conversó con Página 7 sobre este proyecto, cuya idea nació en pandemia, y que estuvo desarrollando por años antes de su lanzamiento.
“Estoy encantado y contento porque, al final, es un libro súper honesto… Siempre pensé que yo iba a hacer un libro más gastronómico que uno tan conectado con el lado humano. De hecho, eso me tiene muy orgulloso. La recepción de la gente ha sido brutal, entonces estoy disfrutándolo”, comenzó diciendo.
Sus hijos, de 11 y 8 años, fueron fundamentales en este proceso. De hecho, cada uno tiene una receta dentro del libro.
“Ellos están felices y orgullosos de haber sido partícipes. Son los fans número uno, si están hasta firmando libros. Están fascinados, muy felices y orgullosos del papá“, dijo Benjamín.
¡Tengo hambre, papá! se divide en diferentes capítulos basados en lo cotidiano, “desde el desayuno hasta la cena, pasando por las festividades, cocinando con ellos, snacks… Son 9 capítulos y cada uno tiene como 10 recetas”, advirtió el autor.
“Cada capítulo es eso: una situación cotidiana que enfrentamos día a día nosotros”, detalló, señalando que Alonso optó por una hamburguesa, mientras que Julián se fue por el lado de los postres.
-¿Hay una receta que tenga algún significado especial para ti dentro del libro?
Sí, hay hay una receta, por ejemplo, que son las galletas de Navidad de mi mamá. Ahí cuento un poco el por qué es tan especial para mí.
Mi mamá falleció cuando era muy joven. Tenía 50 años. Yo estaba grande, pero tampoco tan grande. Y yo soy cocinero en gran parte por ella, porque ella era una tremenda cocinera y también una tremenda artista, ilustradora de cuentos infantiles.
En mi casa siempre se comía muy bien y muy estético. Lo más simple era bonito, hasta las ensaladas le quedaban lindas y era todo así. Cuando llegaba la Navidad, era infaltable el cola de mono que hacía mi mamá y las galleta de Pascua.
Son unas estrellas de canela con un glaseado que es como un típico glaseado de azúcar flor por encima, y esas para mí eran mi perdición. Yo llegaba el colegio corriendo debajo del árbol y me las comía.
Todos los días en la casa había un olor distinto a una galleta nueva que estaba haciendo mi mamá, entonces, en base a eso, tengo el recuerdo siempre marcado y pongo la receta de las galletas de mi vieja.
-¿Te gustó la experiencia? ¿Harías otro libro más adelante?
Ya tengo ganas de hacer más, de hecho. Siento que me quedé corto y que me hubiera encantado hacer la parte 2. Tengo hambre, papá 2, y hasta me lo imagino, porque siento que había muchas recetas que no las podía meter. Ojo que el libro tiene 320 páginas, no es un libro chico. Es un libro grande.
Es un libro mucho más completo. No es que vamos por la pastelería para los niños, o por la cocina natural para los niños, no, no. Es un libro que está basado en lo cotidiano y las situaciones, y se van desarrollando recetas.
Podría sacar 2 o 3 versiones más y también tengo más ideas. La verdad me encantó el proceso. Es duro, harta pega, y es largo también, pero me encantó el proceso y tengo muchas ganas de hacer más libros, así que, si funciona, yo creo que seguro me voy a poner a armar el segundo de una.
-¿Cómo surgió la idea del libro?
La idea empezó en la pandemia, como el 2021. Yo cuento mucho lo de la anécdota de los panqueques de mayonesa, como en una exageración de la circunstancia y un escenario bien como a nivel de humor, casi como de cliché, departamento de hombre separado al que le caen los cabros chicos.
Eso es verdad. Soy muy honesto también con ser yo, que resolvía pidiendo delivery, con el refrigerador vacío. Al final, los niños venían un fin de semana por medio, y 2 días a la semana, pero esos 2 días la mayoría comían conmigo en el restaurante. También era en época de mucho trabajo en los restaurantes y hoy en día tengo más tiempo para ellos.
En los restaurantes, súper organizadas las cartas, todo andando, pero en la casa: un desastre. Eso me demostró que hay que preocuparse más por tener cosas, comprar la despensa mínima necesaria y cocinar rico.
Pero lo que me demostró, o lo que me hizo clic, es que yo, como cocinero, tengo la habilidad de analizar ese escenario con pocos productos y con pocos ingredientes, y sacarte un plato rico. En ese estrés nació la creatividad, y con la creatividad y mi conocimiento, logré desarrollar un plato y funcionó.
La presencia del padre de Benjamín Nast en el libro
Al final del libro hay cuatro relatos: 3 de amigos y uno de mi papá, donde yo les pido que escriban un sobre la vida o si querían escribir una especie de carta hacia el libro o hacia mí.
Yo le pedí que contara una situación que para mí también tiene mucha relación con esto. Cuando mi mamá salía y mi papá se quedaba solo con nosotros, cocinaba. Él no resolvía rápido con una pizza, sino que cocinaba, y era divertido, porque siempre hacía sus inventos y todo tenía repollo morado y vino.
Hoy yo, con conocimiento técnico y de cocina, me doy cuenta de que esa forma de cocinar el vino estaba mal porque siempre quedaba muy pasado, pero a mí me dejó un recuerdo marcado: mi papá siempre hizo una sopa de repollo con vino tinto, que siempre tenía el mismo sabor. Pero da lo mismo, porque el recuerdo está ahí.
Tengo ese recuerdo de la sopa con vino tinto y mi papá, y eso está ahí presente en mis memorias, y de eso es lo que se trata el libro: de crear recuerdos que los niños puedan guardar; que se acuerden de que tú cocinaste para ellos.
Da lo mismo si hiciste un puré con una hamburguesa. Evidentemente tú querrías hacer algo más, pero si ellos te ven cocinar, les pusiste la mesa, te sentaste con ellos y ellos saben que lo hiciste tú, eso es súper valioso.
Los niños no están preocupados de que el plato sea lindo o gourmet. Los niños están preocupados de que el plato esté rico y que se lo haga el papá o la mamá. Eso es amor.