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Tras seis años de investigación, el director Cristóbal Valenzuela presentó *Cocaína Negra*, documental sobre Eugenio Berríos, el llamado “Químico de Pinochet”. El realizador relató episodios que marcaron el rodaje, como testimonios sobre asesinatos cometidos para probar gas sarín, entrevistas a condenados y el temor durante la investigación en Uruguay. También contó que sus computadores fueron encriptados y recibió solicitudes que interpretó como amenazas. Sobre Berríos, dijo que su figura sigue siendo contradictoria y lo describió como alguien que solo fue funcional dentro de la DINA.
Hace unos días, el director Cristóbal Valenzuela presentó Cocaína Negra, su más reciente documental sobre Eugenio Berríos, exmiembro de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y conocido como el ‘Químico de Pinochet’.
Tras seis años de investigación, el trabajo reunió testimonios de exagentes, militares y personas cercanas al caso, obligando al equipo a moverse entre el temor y la incertidumbre.
En conversación con Página 7, el director repasó los relatos que más lo marcaron, los episodios inquietantes del rodaje y la figura contradictoria de su protagonista.
Entre los relatos más impactantes, el realizador destaca el asesinato de dos ciudadanos peruanos en el cuartel Lautaro, en la calle Simón Bolívar de Santiago.
Su ejecución, según relató, se hizo solo para probar si el gas sarín funcionaba y que, incluso, el crimen está documentado por confesiones de exagentes de la DINA.
“Cuentan que cuando tiraron el sarín se les pasó sujetando a los peruanos y les llegó a ellos, y salían corriendo buscando el antídoto. (…) Pero lo que me impresiona es que sean anónimos, que no haya ni un rastro de su nombre. Hay rumores, pero no hay ninguna pista”.
También, Valenzuela recordó una llamada telefónica a un exintegrante de la Brigada Mulchén de la DINA, al que llamaron dos veces.
En la primera de ellas se excusó de responder por estar en un supermercado en Valdivia y al día siguiente se dio a la fuga, siendo capturado tres meses después en el norte.
Las entrevistas del equipo realizador a los asesinos de Eugenio Berríos
También reconoció como impactante la visita del equipo al penal de Punta Peuco, en el que entrevistaron a Arturo Silva, ya que a Berríos, el protagonista del documental, lo mataron dos impactos de bala, una del Ejército chileno y otra de las fuerzas armadas de Uruguay.
“Fuimos a Punta Peuco a la bala chilena y negaba todo, no sirvió lo que fue el relato, siendo que hay múltiples testigos que lo posicionan ahí (como responsable)”, comentó.
El viaje a Uruguay también añadió otra capa de tensión. Allí, el equipo buscó a los militares condenados originalmente en Chile, que luego volvieron a su país y actualmente están en libertad. Según reveló, uno de ellos se dedica al reiki y otro es una figura política relevante.
Ello significó una aprensión para los coproductores uruguayos, quienes tuvieron que trabajar con comunicaciones cifradas y correos falsos.
“Nuestros coproductores estaban muertos de miedo. En Uruguay la justicia fue aún más laxa que la chilena y el poder militar fue así hasta el final, hasta ahora sigue fuerte. Tuvimos que empezar a hablar en clave, por Signal o mail falso para poder (hacerlo)… No sé qué va a pasar allá con ese estreno, pero es como un miedo latente”, detalló.
“No sé si estaré siendo ingenuo, pero en Uruguay ese miedo es real”, agregó.
Las situaciones anormales que vivió el director de Cocaína Negra durante su investigación documental
Al ser consultado por situaciones raras que le habían sucedido durante la investigación, Cristóbal Valenzuela recordó que sus dos computadores se encriptaron de manera inexplicable y que posiblemente habían sido hackeados.
También, más adelante le llegó un correo de un supuesto canal brasileño que preguntaba curioso por el documental y que, tiempo después, la página desapareció.
Incluso, uno de los militares entrevistados le pidió la copia completa de la entrevista, en lo que calificó como “una amenaza buena onda”.
“La bala chilena, Arturo Silva, me lo pidió cuando lo entrevistamos en Punta Peuco y, cuando nos íbamos despidiendo me dijo ‘oye, mándame una copia de la entrevista completa, porque tú sabes que estoy aquí por asesinato’. Y yo dije ‘por supuesto’. Al primer día llegué y le mandé la entrevista”.
Sobre Berríos, admite que el retrato sigue incompleto: hay quienes lo recuerdan con afecto y quienes lo describen como un monstruo. “Mientras más lo conocía, más sentía que lo desconocía, porque hay múltiples versiones. (Hay) gente que habla con mucho amor y eso como que confunde mucho. (Otra) gente lo describe como un monstruo”, reconoce.
Al cierre, el director de Cocaína Negra conclusión sobre el químico fue que era “era un tipo adicto a las emociones fuertes y eso lo empujaba a tomar decisiones no muy sanas”, como drogas, alcohol e involucrarse en organizaciones como la DINA y Patria y Libertad.
Además, lo calificó como alguien que “solo fue un tipo funcional dentro de la DINA, en ese contexto y con (Michael) Townley ahí ayudándolo. Fuera de ese contexto, nada le salía”.