Pilar Cox fue la invitada a Podemos Hablar, donde se sinceró sobre su paso por la televisión, su problema con las drogas y su presente lavando autos.
La icónica figura de la pantalla chica recordó la razón por la que decidió abandonar este mundo en el peak de su carrera.
“No me sentía cómoda con lo que estaba haciendo… trabajaba de noche, tenía tres hijos, estaba sola, divorciada. Dije ‘renuncio’. Y con eso se acabó la televisión, la prensa, los dimes y diretes”, recordó.
Además, expresó que llegó a ser “la mujer mejor pagada de la
televisión chilena”, lo que le permitió ayudar a su familia, educar a sus hijos, comprarse una casa, un auto y vivir bien.
La caída de Pilar Cox a las drogas
Sin embargo, también fue el inicio de una etapa oscura: “Llegué a gastar mucho dinero en consumo ilícito”.
“Yo entré a ese mundo a través de una pareja que me ofreció y yo no me di cuenta. Tenía entre 25 y 26 años, era una mujer sana, deportista… y terminé consumiendo por más de diez años“, comentó.
“Los primeros años no se nota, hay una hiperactividad, para mí era normal, porque yo soy hiperquinética y de hacer todo. Yo comencé a escribir con honestidad, mis tristezas, mis dolores, empecé a pintar, se convirtió en un mundo propio, enriquecedor, nuevo, que no tenía anda que ver con la TV, era todo mío. Lo pasé, entre comillas, bien. Nunca fui social, nunca convidaba en grupos”, aseguró.
Además, manifestó que “yo consumía sola, nunca antes había llorado y en esa época lo hice por el abandono de mi infancia”.
“Empecé a alucinar, a ver cosas que no existían, y a entrar en pánico, pensaba que le iban a hacer daño a mis hijos. Veía monstruos y figuras”, expuso.
El punto de quiebre llegó, hace más de 30 años, cuando compraba drogas solo para ir al baño y botarlas, “hasta que un día dije ‘nunca más”, recalcó Pilar Cox y aseguró que “nunca más lo hice ni tampoco lo haré”.
Su determinación, sostuvo, fue gracias a Dios, a su ángel, y, sobre todo, a sus tres hijos.
Pilar reveló que incluso llegó a atentar contra su vida: “No quería saber nada de nada… sentía que no valía nada, que era un daño para mis hijos, pensaba que la mejor forma de no destruirlos era que yo no estuviera. Pero ellos me salvaron”.