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María Música Sepúlveda, recordada por lanzar un jarro con agua a la ministra de Educación durante las movilizaciones estudiantiles del 2008, reapareció años después asegurando no arrepentirse de su acción. Tras el incidente, tuvo consecuencias negativas, incluyendo la cancelación de su matrícula y el cierre de puertas en otros establecimientos educativos. Sepúlveda optó por exámenes libres, criticando el sistema educativo, y finalmente incursionó en áreas como alimentación saludable, cannabis y cosmética natural. Actualmente, se dedica a emprendimientos alejada de los medios y redes sociales.
María Música Sepúlveda reapareció varios años después del episodio que marcó su adolescencia y que la convirtió en uno de los rostros más recordados de las movilizaciones estudiantiles de 2008.
En plena ‘Revolución Pingüina’, la entonces alumna de primero medio del Liceo Darío Salas protagonizó una escena que quedó registrada por la prensa: lanzó un jarro con agua a la ministra de Educación de la época, Mónica Jiménez.
Hace un tiempo, en entrevista con el medio Pousta, aseguró que no se arrepentía de lo ocurrido. La exdirigente estudiantil contó que incluso recordar esa jornada le provocaba angustia.
Durante las vacaciones de invierno de ese año participaba en la toma de su establecimiento y asistió a una asamblea en la que la entonces secretaria de Estado conversaría con profesores jubilados sobre la deuda histórica.
También acudirían estudiantes para presentar sus demandas.
El día que María Música recordó “jarronazo” a ministra de Educación
Según explicó Sepúlveda, en ese período veía las mesas de diálogo como una estrategia que solo retrasaba las soluciones.
“El gobierno sabía lo que pedíamos ¿Qué tanto había que hablar?”, afirmó. Además, aclaró que la acción no respondió a una planificación previa.
“Hoy lo veo con distancia y pienso que el agua es vida y lo encuentro simbólico”, reflexionó.
A The Clinic, en tanto, reconoció lo siguiente: “Yo sentía mucha impotencia. Yo dejé de creer en el Dios cristiano hace rato, pero sí creo que en el universo hay una energía que nos trajo a la Tierra y que tenemos una misión en la Tierra. Y que todos tenemos un aporte que hacerle a la Tierra y hay que descubrirlo no más”.
“Entonces cuando hice lo que hice con la ministra sentí como una liberación. Fue re loco porque de ahí en adelante no tuve miedo, sentí que la vida me protegía y hasta el día de hoy yo confío en la vida y en el propósito que me tiene”, afirmó.
Sin embargo, las consecuencias llegaron rápidamente. Tras el incidente, el Liceo Darío Salas canceló su matrícula y, según relató, distintos establecimientos de la comuna de Santiago le cerraron las puertas.
La situación también afectó a su familia. Su madre, quien la acompañó en varias entrevistas televisivas durante esos días, perdió su trabajo.
Ese escenario la llevó a replantear su educación y buscar una alternativa fuera del sistema escolar tradicional.
“Al final di exámenes libres, me aburrí del sistema educativo”, comentó mirando hacia atrás.
La joven explicó que sentía que desperdiciaba demasiado tiempo en jornadas extensas y tareas que consideraba poco útiles. Gracias a esa modalidad pudo avanzar a su propio ritmo y prepararse para rendir la entonces PSU.
“Sí, pude estudiar a mi ritmo, prepararme para la PSU, porque en la escuela perdía el tiempo”, sostuvo.
También cuestionó aspectos de la rutina escolar y de la alimentación que recibían los estudiantes. “¿Cómo quieren que pensemos bien si comemos tan mal?”, planteó.
La vida de María Música Sepúlveda después de la ‘Revolución Pingüina’
Con el paso de los años, Sepúlveda ingresó a estudiar Ingeniería en Alimentos, aunque finalmente decidió no titularse.
Según explicó, no quería desarrollar una carrera vinculada a grandes empresas del rubro alimentario, ya que consideraba que muchas de ellas “no piensan en nosotros”.
Desde entonces comenzó a profundizar sus conocimientos en alimentación saludable, cannabis y cosmética natural, áreas en las que realizó talleres y actividades.
En paralelo, desarrolló emprendimientos. Uno de ellos consistió en la venta de ropa sobre una motocicleta equipada con paneles solares que ella misma construyó.
Además, creó Weed Mama, iniciativa especializada en productos y alimentos elaborados con cannabis, según consignó La Cuarta.
Desde un local ubicado en el barrio Franklin preparaba diversas recetas, entre ellas queques, muffins, chocolates y tortas elaboradas con derivados de esta planta.
Así, la joven que alguna vez estuvo en el centro de una de las postales más recordadas del movimiento estudiantil chileno construyó un camino muy distinto y hoy se encuentra alejada completamente de los medios e incluso de las redes sociales.