Miel Blanca fue la primera ganadora de El Discípulo del Chef, por lo que fácilmente podría ser una de las cartas para llevarse el primer lugar de la actual temporada del programa gastronómico de Chilevisión.
Sin embargo, el desafío es mayor, ya que tiene que trabajar y competir con los finalistas y triunfadores de todos los programas de cocina de la televisión chilena.
En conversación con Página 7, Miel analizó su participación en el espacio conducido por Emilia Daiber, destacando lo que significó la salida de Marisol Pierola de su equipo, su cercana relación con Max Cabezón y la importancia de ser pupila de China Bazán.
“Mi desempeño ha sido súper intenso, he dado todo por estar ahí: me he cortado, me he quemado, me he caído, me ha pasado de todo, pero es parte de una cocina. Uno siempre tiene que estar parándose y dando la vida”, comienza explicando a nuestro medio.
Respecto a las diferencias de formato entre la primera edición, que ganó, y la actual, la cocinera confiesa que “hay varias. Venimos con personas que ya han trabajado con cocina desde el área de los espectáculos, otros que no tanto, pero que sí han sido ganadores de programas”.
También se detuvo en un punto que llamó poderosamente su atención: “Una de las cosas que me causó curiosidad es que hay gente que viene de Masterchef y que está acostumbrada a trabajar sola, entonces el proceso de adaptación se nota, donde de a poco confías en los demás”.
De todas formas, admite que prefiere el formato que tenía en el primer ciclo de El Discípulo del Chef, que estaba a cargo de Sergio Nakasone.
Salida de Marisol Pierola y relación con Max Cabezón
A diferencia de temporadas anteriores, el equipo azul tuvo convulsionados momentos durante esta temporada, en donde muchas de las tensas situaciones apuntaban a una persona: Marisol Pierola.
Sin embargo, la exfinalista de Bake Off Chile fue eliminada, lo que ayudó a descomprimir el ambiente en el grupo de Carolina Bazán. Así lo ve Miel Blanca.