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“Lucho” Jara se confiesa: “Nunca estoy cansado para tener sexo”

Luis Jara | Facebook

“Lucho” Jara no para. El animador y cantante no sólo desborda carisma y simpatía, sino que también sinceridad revelando sus instintos más básicos, además de algunos de sus secretos más oscuros. 

En conversaciones con la revista Sábado de El Mercurio, el intérprete de Mañana respondió preguntas íntimas sobre su vida personal en la sección “Cosas que nadie sabe de mi”, desde sus impulsos carnales hasta detalles de su adolescencia.

Entre ellos destacó el hecho de que algunos olores le generan placer, siendo el olor a tierra, a sofrito y por sobretodo el de su mujer los más estimulantes. “Es un aroma de ella, que si lo siento no me resisto. Tengo que terminar teniendo relaciones sexuales esté ella o no. Nunca estoy cansado para tener sexo. Me gusta mucho, me vigoriza, me siento dinámico, me pone alegre, me pone consciente“, respondió el animador de Mucho Gusto.

A pesar de que nunca haber engañado a su mujer, “Luchito” confesó que es un infiel permanente, pero sólo de forma mental y que entrar en detalles sería sólo para descubrir aberraciones que no dejarían a nadie indiferente.

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Aunque no lo parezca el cantante también ha sufrido por amor. Por ejemplo, aún recuerda cuando lo “pateó” en 1989 una azafata de LAN con la que pololeaba en ese entonces, cuestión que le hirió el ego de una forma terrible. Además, agregó que no está contento con su anatomía y que le gustaría tener 18 centímetros más, bien distribuidos por todo su cuerpo.

Pero eso no es todo. El “Lucho” contó qué pasó con el último lujo que se dio (un Porsche), y por qué decidió comprarlo. “Pensé que iba a ser feliz arriba de ese auto. Pensé que la iba a pasar bien. ¿Por qué no podía tener un auto de artista? Me lo compré, lo choqué y quedé en panne. Manejé cuatro días y estuvo nueve meses en el taller“, agregó.

En su vida familiar también se vio afectado señalando que de lo único que se arrepiente en su vida es de haber tratado de forma muy dura a su hijo en un momento de estrés, pero que su mismo hijo le enseñó algo muy importante: decir las cosas de una mejor forma para evitar hacer daño.