El médico Sebastián Ugarte cobró relevancia en televisión tras el accidente de Ignacio Lastra, pues el exchico reality llegó a la Unidad de Paciente Crítico de la Clínica Indisa, y de la que Ugarte es jefe.

Desde entonces, el médico se ha convertido en una de las caras más reconocidas de la medicina en televisión, siendo parte estable del panel del Buenos días a todos, donde no solo habla de su expertise, sino que también ha abierto su corazón.

Con emotivos llamados a cuidarse del coronavirus, relatos íntimos familiares y duras experiencias de vida, Ugarte se ha ganado el cariño del fiel público del matinal de TVN.

Y es que su vida ha sido de esfuerzo y convicción. A los 8 años perdió a su padre, un actor del Teatro de la Universidad Católica y guionista de teleteatros; quedando su madre viuda junto a él y sus tres hermanos.

Para sacar adelante a su familia, su madre comenzó a confeccionar trajes para los personajes de las obras de teatro en las que antes trabajaba su marido. “Fue una época durísima económicamente. Mi madre se las arreglaba como podía. Vendía empanadas, compraba sacos de papa y los hacía rendir, porque a veces la comida escaseaba“, relató a LUN.

Ese difícil camino se extendió hasta mediados de los 80, época en la que Ugarte entró primero a estudiar sociología, pues siempre supo que tenía vocación de servicio; aunque al poco tiempo se salió pues “era muy teórico, de mucho análisis” y lo suyo era ayudar. “Cuando eres médico, en cambio, tu aporte es muy concreto. Tú ves ahí, frente a ti, a la persona que curaste“, confesó.

Fue así como se trasladó a Temuco, donde un familiar le daba alojamiento, y él se ganaba unos pesos transcribiendo memorias en una máquina de escribir y conseguía verduras que sobraban en la feria.

Actualmente, el doctor es padre de tres hijos y está separado. Su rutina es tan intensa que apenas duerme tres horas, de dos de la mañana a las cinco. “En la noche y a primera hora leo investigaciones. De ahí, a las siete, me voy a la clínica y luego, a las 8:10 parto a TVN, donde estoy hasta las 13.00 horas. Luego, vuelvo a la clínica y me quedo hasta las 20.00 horas o más tarde“, describió.

Su ajetreada rutina lo deja sin almuerzo la mayor parte de las veces por lo que solo llega a comer en la noche. “Lo hago cuando llego a mi casa. Yo mismo me hago una sopa de zapallo, de brócoli o de legumbres“, dijo.

Tomo mucho café, unas veinte tazas, pero de las pequeñas. En una sola sentada me puedo tomar cuatro“, agregó respecto a cómo resiste durmiendo tan poco.

En el matinal ha hablado más de alguna vez de su madre y lo preocupado que está por el coronavirus, ya que tiene 93 años, por lo mismo ha evitado el contacto. “No la voy a ver. O sea, la voy a ver pero la miro y la saludo desde la calle. Ella también me mira“, contó.