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Ricardo Arjona llega a Chile para ofrecer diez conciertos en el Movistar Arena, destacando la presencia de la violonchelista chilena Carla Serón en su banda. Serón destaca la experiencia enriquecedora de trabajar con Arjona, quien brinda espacio creativo y fomenta la participación de sus músicos. La cellista, orgullosa de sus raíces sureñas, enfrentó desafíos previos en su carrera musical, pero ahora disfruta de la confianza y aprendizajes obtenidos en escena. Con anécdotas como la interpretación en tacos y la cercanía con Arjona en cada show, Carla demuestra su perseverancia y evolución artística.

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Esta semana, Ricardo Arjona aterrizará en Chile para realizar diez conciertos en el Movistar Arena. Sin embargo, entre los músicos que acompañan al cantautor guatemalteco hay una presencia nacional que ha llamado la atención: la violonchelista valdiviana Carla Serón.

La artista forma parte de la banda que acompaña al intérprete de Mujeres desde el año pasado en la gira Lo que el seco no dijo, una experiencia que, según reconoce, transformó profundamente su carrera.

“Sin lugar a dudas ha sido una experiencia que me ha brindado una serie de aprendizajes, tanto en lo personal como en lo profesional”, comentó en entrevista con La Tercera.

Uno de los aspectos que más destaca del trabajo junto a Arjona tiene relación con el espacio creativo que el músico entrega a quienes integran el espectáculo. “Él nos brinda el espacio para que todos los músicos tengamos nuestro momento en el show”, explicó.

En ese proceso, Carla debió asumir nuevos desafíos. Aprendió a tocar de pie, incorporó otros instrumentos y trabajó su presencia escénica. “Además de tocar bien, tenía que ser parte activa del show y entretener de cierta manera a quienes van de público a disfrutar de él”, relató.

La confianza que hoy muestra sobre el escenario contrasta con los nervios que sintió cuando recibió la invitación para audicionar. Aunque ya había compartido escenarios con figuras como Luis Miguel y Ricky Martin, decidió mantener en secreto el proceso.

“Gracias a esto, un día me escribieron desde la producción de Ricardo Arjona para invitarme a audicionar porque estaban en proceso de reclutar músicos para armar la banda que lo acompañaría durante su nueva gira”, recordó.

La cellista preparó tres canciones del repertorio del guatemalteco en tiempo récord y apostó por mostrar distintas facetas de su talento. El esfuerzo dio resultado.

“Un par de días después me contactaron para decirme que estaba dentro. Ahí recién pude compartir mi alegría contándole la gran noticia a mi familia”.

Poco después viajó a Ciudad de Guatemala para comenzar los ensayos de la residencia artística. Allí descubrió otra faceta de Arjona, quien constantemente incentiva a sus músicos a proponer ideas.

“Ricardo está muy implicado en todo lo que sucede en el show y le encanta que le propongamos cosas. Siempre está muy receptivo a eso”, afirmó.

Una historia marcada por la perseverancia

Orgullosa de sus raíces sureñas, Carla nació y creció en Valdivia. Comenzó a estudiar violoncello a los siete años en la Escuela de Música Juan Sebastián Bach de la ciudad. La música estuvo presente desde siempre en su familia: su hermano mayor también es cellista y su padre es guitarrista y profesor de música.

Tras terminar la enseñanza escolar se trasladó a Santiago para continuar sus estudios. Aquella etapa no fue sencilla. Además de enfrentar el desarraigo, debió lidiar con comentarios desalentadores.

“Tuve un profesor de cello que no me apoyó y que incluso en su momento me dijo que me dedicara a otra cosa. Menos mal no le creí y lo seguí intentando”, recordó.

Con el tiempo comprendió que su camino no estaba únicamente en la música clásica. A los 24 años comenzó a explorar otros estilos, ingresó al mundo de las grabaciones y se convirtió en músico sesionista.

“Me di cuenta de que mi instrumento sí podía tener cabida en ese mundo. Ahí me cambió la vida”, aseguró.

El momento más difícil de tocar con Ricardo Arjona

Hoy, uno de los momentos más exigentes de cada presentación ocurre apenas comienza el espectáculo. La obertura incluye un solo de cello que interpreta de pie, sobre una tarima y usando tacos. Luego llega otro desafío con la canción El problema.

“Ahí siempre se me acerca Ricardo para oír de cerca y lo tengo ahí pegadito observando lo que hago. Yo me hago la chora, pero por dentro me intimida la situación”, confesó.