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Gonzalo Egas regresa a los realities con Vecinos al límite: ya tiene en la mira a su principal rival

canal 13

Han pasado 21 años desde la recordada final de La granja, protagonizada por Gonzalo Egas y Alex Gerhard.

En aquella definición, ambos se midieron en un duelo de fuerza que consistía en empujar un tronco, convirtiéndose en una de las finales más recordadas de un reality chileno.

Y ahora nuevamente volverá a un encierro al sumarse a Vecinos al límite. Según contó, “daría lo que fuera para tener una final como la de ‘La granja’ de nuevo. Pero hay algo irrefutable, que se llama biología”.

“Tengo 50 años, y es muy difícil que le pueda ganar en cardio a un chico de 25 años. Voy a ser el abuelo, el más grande de todos, no me cabe duda, así que puede ser mi último baile”, precisó.

Por eso asegura que, aunque viene “con toda la mentalidad del mundo para llegar hasta la final, ser competitivo y medirme yo también”, tiene claro que no le bastará solo con la fuerza muscular.

“No tengo el cardio ni la resistencia que tenía hace 21 años. Por eso voy a tener que invocar a los antiguos espíritus del mal para transformar este cuerpo decrépito en Mun-Ra el Inmortal. Esa es mi premisa cuando llegue la competencia, inspirarme y lanzarme con todo. A mis años, lo que me queda es ser muy astuto y estratégico para poder ir manteniéndome en el encierro y seguir avanzando”.

Gonzalo Egas y su mayor rival en Vecinos al Límite

Asimismo, evidenció que ya tiene identificado a su mayor rival en competencia: se trata de Matías Ramos, el fisicoculturista que lleva cinco duelos ganados en el reality.

“Los fisicoculturistas son grandes, requieren mucho oxígeno y trabajo cardiovascular, y generalmente no les da. Pero a este muchacho le da, es muy completo, tiene condiciones, habilidades y mucho aguante. Yo creo que el rival a vencer, no para mí, sino para todos los que están adentro, es Matías. Daría lo que fuera para llegar a la final con Matías”, confesó.

Finalmente, se refirió a su explosiva personalidad, la que ha cambiado un poco. “Aunque vivo en el campo, un poquito aislado, y me gusta mucho la soledad, aprendí a la fuerza que cuando estoy con gente tengo que, aunque no respete lo que piensen las otras personas, tolerarlos para poder sobrevivir”.

“Así que estoy en mi momento más tolerante”, cerró.