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El director ejecutivo del Festival de Viña del Mar, Daniel Merino, logró respaldo judicial en un conflicto con el productor Carlos Lara de Swing Booking & Management. Lara fue condenado por injurias graves, recibiendo 61 días de presidio menor en su grado mínimo y una multa de 6 UTM. Aunque fue absuelto del delito de calumnias, recibió una pena sustitutiva y quedó bajo control administrativo. La disputa se originó por acusaciones de competencia desleal y posición dominante en el mercado de artistas, con Merino querellándose por difusión de imputaciones falsas que dañaban su reputación. La condena representa un triunfo para Merino en un conflicto que escaló de lo comercial a lo judicial y mediático.

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Daniel Merino, director ejecutivo del Festival de Viña del Mar y gerente de la productora Bizarro Live Entertainment, consiguió respaldo judicial en medio del conflicto que lo enfrentó con el productor Carlos Lara, ligado a Swing Booking & Management.

Según la sentencia expuesta este 6 de febrero en el 8° Juzgado de Garantía de Santiago, la justicia condenó a Carlos Rodrigo Leonardo Lara Díaz como autor del delito de injurias graves, por hechos ocurridos el 5 de agosto de 2025 en Providencia.   

La disputa entre el gerente de Bizarro y el director de Swing

En concreto, el tribunal impuso a Lara la pena de 61 días de presidio menor en su grado mínimo, junto con una multa de 6 UTM y el pago de costas. 

Eso sí, en la misma resolución se detalla que Lara fue absuelto del delito de “calumnias con publicidad”, cargo por el cual también se le perseguía en la causa. 

Además, el tribunal le otorgó una pena sustitutiva: remisión condicional por un año, quedando bajo control administrativo. 

El origen de la disputa: Bizarro versus Swing

La controversia se arrastra desde cuando Lara, a nombre de Swing Booking & Management y otras empresas asociadas, presentó una demanda civil contra Bizarro por “competencia desleal” y “posición dominante”, acusando un supuesto “amarre” de artistas vinculado al rol de la productora en el Festival de Viña del Mar.

En ese contexto, Merino optó por querellarse por injurias graves con publicidad, argumentando que existió “difusión de imputaciones falsas” que —según su postura— dañaban su honra personal y profesional. En su comunicado, además, sostuvo que las acusaciones eran “falsas, carentes de todo respaldo probatorio”.

La querella, patrocinada por el abogado Gianfranco Grattarola, quien previamente defendió que la acción apuntaba a reparar el daño reputacional: “La querella busca que se sancione penalmente al querellado y se restablezca la honra del afectado, en resguardo de los principios de dignidad y respeto consagrados por la Constitución”, según el texto compartido por Merino.

Con esta condena por injurias graves, Daniel Merino suma un punto clave a su favor en una disputa que, por meses, escaló desde el terreno comercial al ámbito judicial y mediático.