Con una propuesta emocional, contemplativa y cargada de simbolismo, Mil pedazos emerge como una de las apuestas más personales y sensibles del cine chileno reciente.

Dirigida por Sergio Castro-San Martín, la película tiene elementos de drama, road movie, thriller y relato existencial para construir una experiencia humana sobre la pérdida, la intuición, la salud mental y los vínculos familiares.

La cinta coproducida con España y Argentina se estrenará en cines el próximo 4 de junio. Es distribuida por Market Chile.

¿De qué se trata Mil pedazos?

Mil pedazos sigue a Miguel (Daniel Muñoz), Isabel (Paola Giannini) y su hija Emilia (Emilia Rodríguez), quienes emprenden unas vacaciones familiares junto a su perra Eve.

Sin embargo, un accidente en medio del desierto cambia radicalmente sus vidas. Mientras Isabel queda gravemente herida, Miguel inicia junto a su hija una travesía física y emocional marcada por el desconcierto, el dolor y la búsqueda de sentido.

Tres meses después, cuando Isabel despierta del coma, comenzará su propio viaje para intentar reconstruir a su familia.

La inspiración del director

Más que centrarse únicamente en la tragedia, Mil pedazos se transforma en una película sobre el amor, la intuición y las distintas maneras en que las personas enfrentan el duelo.

Sergio Castro-San Martín construye un relato de silencios, atmósferas y diálogos contenidos con precisión , donde lo importante ocurre fuera de las palabras.

“Sentí que era momento de volver a un relato más personal, fuera de los centros, más regional y con fuerte vinculación con la naturaleza”, cuenta el director.

“Me acordé de aquella historia de un hombre que había abandonado el sistema por una tragedia familiar. Los escaladores y los camioneros lo alimentaron de por vida. Mi padre nos contaba esta historia cada vez que viajamos al norte”.

“Tenía en cuenta que en Chile hay una sola carretera que une norte y sur y fue en este momento en que, incluso ya con la pandemia encima, cobró mucho sentido hacer esta película. Muchas personas empezaron a elegir emigrar a la naturaleza, a la montaña escapando un poco del bloqueo y también la cercanía con la muerte cobró un sentido cercano en muchos que perdimos seres queridos o estuvimos a punto de perderlos”, añade.

El cineasta agrega: “Desde ese momento los textos y libros de Vinciane Despret calaron hondo en mí, en el sentido de ponernos en el lugar de los muertos y qué les pasa a ellos con nosotros. Ahí comenzó la idea de la peregrinación, de la procesión de este hombre, e incluso de toda esta familia para poder encontrarse. Los muertos son geógrafos, nos hacen movernos, señala la filósofa belga, y esto es justamente lo que esta película hace. Nos mueve desde adentro. Desde el dolor al perdón y al amor“.

El ermitaño de Las Chilcas

Inspirada libremente en el ‘Ermitaño de Las Chilcas’, la película explora personajes desplazados del sistema y enfrentados a una transformación radical luego de una tragedia. El director conecta esa historia con reflexiones sobre el aislamiento contemporáneo, la salud mental y la necesidad de romper con ciertas estructuras impuestas.

“El ermitaño es una imagen anti sistémica, son personajes fronterizos y en este sentido el cine que me gusta y el que quiero contar es justamente ese, el de personajes que están desfasados por diversos motivos”, señala.

Rodada íntegramente en el Valle del Elqui, la cinta convierte al paisaje en un personaje fundamental del relato. Los cielos abiertos, el desierto invernal y la dimensión espiritual del territorio construyen una atmósfera hipnótica y profundamente cinematográfica. Es un film que debe apreciarse en la pantalla grande.

La profundidad de Daniel Muñoz

Uno de los puntos más destacados de Mil pedazos es el trabajo actoral. Daniel Muñoz entrega una interpretación contenida y profundamente física, alejándose de registros más asociados a la comedia para construir un personaje marcado por el aislamiento y el dolor.

“Daniel es un actor monumental. Se conectó desde el primer minuto con la tierra. El gran desafío era interpretar esa evolución, el hombre ‘centrado’ y el hombre ‘border’. Me interesaba un protagonista que tuviera capas profundas, silenciosas y extrañas”.

La película marca, además, el debut cinematográfico de Emilia Rodríguez, quien con apenas nueve años sostiene gran parte de la carga emocional del relato y se transforma en uno de los grandes descubrimientos para el cine chileno.

Con una sensibilidad visual y emocional poco habitual, Mil pedazos propone una experiencia cinematográfica íntima y reflexiva, alejada de fórmulas convencionales y conectada con los sentidos, la naturaleza y las emociones humanas.

Mil pedazos llegará a las salas chilenas como una obra que invita no solo a mirar, sino también a sentir y conversar sobre la vida, la muerte, el amor y la posibilidad de reencontrarse incluso después de la fractura.