La elección del rey y la reina del Festival de Viña del Mar es una tradición que se consolidó a comienzos de la década de 1980 como una iniciativa impulsada por la prensa acreditada que cubre el certamen.
Aunque el festival nació en 1960 como una competencia musical, con el paso del tiempo incorporó rituales paralelos que fortalecieron su dimensión mediática y simbólica. Entre ellos, la coronación se transformó en uno de los hitos más visibles de cada edición, inicialmente como un gesto lúdico y de cercanía entre artistas y periodistas.
Durante años, las coronas fueron piezas sencillas, fabricadas principalmente en latón u otros metales de bajo costo, donde el valor residía en el reconocimiento público y no en la materialidad del objeto.
En la última etapa del certamen, sin embargo, el estándar del galardón evolucionó de manera significativa.
La edición 2026 consolida ese tránsito desde lo simbólico hacia una representación material de mayor sofisticación técnica. Las coronas oficiales fueron fabricadas en Santiago por dos orfebres chilenos, con apoyo de modelado en diseño 3D y bajo la dirección creativa de Joyería Aurus.
Así son las coronas que recibirán la reina y el rey de Viña 2026
La corona de la reina pesa 286,27 gramos y está elaborada en plata ley 925 ecológica, obtenida a partir de procesos de reciclaje de metal, incorporando 50 circones de alta calidad en su estructura.
La del rey alcanza los 609,23 gramos en la misma ley de plata, integra una composición de 23 gaviotas más una de mayor tamaño en el centro y suma 241 circones.
En dimensiones, la pieza femenina mide 15 centímetros de diámetro y 8 de alto, mientras que la masculina alcanza los 19 centímetros de diámetro y 8 centímetros de altura. Ambas conservan como eje conceptual la gaviota, emblema histórico del festival, junto con referencias formales a las olas del borde costero viñamarino.

En esta edición no se aplicó baño de rodio, a diferencia del año anterior, decisión vinculada al aumento sostenido en el valor internacional de metales como el oro, la plata y el propio rodio, cuyo precio ha experimentado variaciones significativas en los mercados globales.
El diseño se mantuvo respecto a la versión previa, incorporando únicamente una modificación técnica en la parte posterior de la corona de la Reina para optimizar su calce. El desarrollo original del modelo implicó dos meses de trabajo entre proceso creativo y fabricación; en 2026, al tratarse de una continuidad perfeccionada, el proceso se completó en un mes.

“El proceso más delicado es el vaciado del metal en los moldes de cera 3D. Si quedan burbujas de aire, la pieza debe fundirse nuevamente y repetir todo el procedimiento. Es un trabajo que exige precisión absoluta”, explica el director de marketing de Joyería Aurus, Armando Cova.
Tras la ceremonia de coronación, ambas piezas quedan en propiedad de los ganadores, reforzando su condición de objeto permanente más allá del acto escénico.
En conjunto, las dos coronas están estimadas en doce millones de pesos, siendo la del rey la de mayor valor debido a su tamaño y volumen de material.
El anillo del rey
La evolución material también se expresa en el anillo oficial del rey de Viña 2026, confeccionado en oro amarillo de 18 quilates, con un peso de 18,30 gramos y engastado con brillantes de alta calidad.
La pieza incorpora la inscripción lateral “Viña 2026” y presenta un valor referencial de cuatro millones de pesos, mientras que el anillo de la reina alcanza los cinco millones.
“Muchas veces la conversación se centra en cuánto cuestan estas piezas, pero, más allá del valor comercial de los metales, se trata de un reconocimiento otorgado por la prensa. Ese componente simbólico es lo que finalmente les da sentido y las vuelve invaluables para quien las recibe”, señala Cova.
La transición desde coronas de latón hasta piezas en plata fina y oro 18K no altera la naturaleza del reconocimiento, que sigue siendo una elección mediática vinculada a la cobertura periodística del evento.
Lo que sí cambia es la representación material de ese gesto. En ese cruce entre tradición popular y técnica orfebre, se instala hoy una nueva etapa de la coronación: la misma ceremonia, pero con estándares propios de la alta joyería y producción local, reflejo de una industria chilena que ha ido incorporando tecnología, modelado digital y mayor precisión en sus procesos.

La historia de la coronación en Viña del Mar nació como un acto simbólico y espontáneo dentro de la dinámica del festival.
Cuatro décadas después, ese mismo gesto se materializa en metales nobles y procesos técnicos complejos, manteniendo intacto su origen, pero elevando el estándar con el que se representa.