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Revelan estremecedores testimonios que destaparon horrendos abusos sexuales en colegios Salesiano

Revelan estremecedores testimonios que destaparon horrendos abusos sexuales en colegios Salesiano
Contexto | Agencia UNO
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La justicia acreditó un patrón sistemático de encubrimiento, manipulación y abusos de poder en colegios Salesianos que se extendió por más de tres décadas, con una histórica sentencia que obliga a la Congregación a indemnizar a ocho víctimas con montos entre $15 y $50 millones de pesos. La resolución confirmó deficiencias estructurales en la institución que permitieron y silenciaron delitos sexuales cometidos por religiosos entre 1973 y 2009, destacando la responsabilidad orgánica de la entidad. Revelaciones sobre dinámicas de protección a sacerdotes abusadores, testimonios sobre manipulación y abusos sexuales, y consecuencias emocionales para las víctimas fueron expuestos en el fallo. A pesar de las negativas de la defensa de la orden religiosa, se evidenció la existencia de una estructura de encubrimiento, culminando en expulsiones canónicas y compensaciones económicas a los denunciantes como medida de reparación.
Desarrollado por Bío Bío Comunicaciones

Un patrón sistemático de encubrimiento, manipulación y abusos de poder que se extendió por más de tres décadas en diversos colegios Salesiano.

Eso fue lo que acreditó la justicia en una sentencia histórica dictada por el Séptimo Juzgado Civil de Santiago, donde se determinó que la Congregación deberá indemnizar a ocho víctimas con montos que oscilan entre los $15 y $50 millones de pesos.

¿Qué se sabe sobre los casos de abusos sexuales en colegios Salesiano?

Según información entregada por Bío Bío Investiga, la resolución judicial confirmó la existencia de deficiencias estructurales al interior de la institución que permitieron y silenciaron los delitos sexuales cometidos por religiosos entre 1973 y 2009.

El tribunal fue enfático al establecer la responsabilidad de la entidad eclesiástica, desestimando que se tratara de hechos aislados.

No se trata de la suma de negligencias individuales, sino de un funcionamiento orgánico cuyas deficiencias estructurales eran de tal entidad que permitieron la ocurrencia sistemática de hechos de connotación sexual”, aclaró el fallo.

De igual forma, el escrito judicial destapó las dinámicas utilizadas para proteger a los sacerdotes cuestionados.

Los sacerdotes abusadores nunca perdieron contacto con niños, sino que solamente fueron trasladados de ubicación”, manifestaron.

“Los sacerdotes que recibieron reclamos nunca reportaron a las autoridades eclesiásticas ni estatales para esclarecer los hechos y se intentó otorgar compensaciones económicas para mantener silenciadas las conductas abusivas”, añadió el texto.

Las indagatorias dejaron al descubierto que la asimetría de poder y la vulnerabilidad de las víctimas fueron factores determinantes para concretar los ultrajes.

Antecedentes claves

En ese contexto, testimonios del expediente judicial ilustran el comportamiento de religiosos como Sergio Aravena Alvear, quien utilizaba su cercanía con los estudiantes para ganarse su confianza antes de vulnerarlos.

Posterior a su salida de la institución, al tramitar la dispensa del celibato en 2002, el propio religioso intentó justificar sus acciones señalando que sufría una marcada inclinación hacia los jóvenes.

Esta sensibilidad me ha permitido descubrir situaciones difíciles por las cuales estaban pasando los chicos y prácticamente al brindarles ese espacio para que se abrieran y pudieran contar sus problemáticas y sus dolores se iba produciendo una relación afectiva indudablemente con ellos, relación afectiva que, en algún momento, llegaba a tocamientos, a caricias y a ese tipo de cosas”, sostuvo.

“Eso sucedió en más de una ocasión. Ahora, la primera respuesta que me dieron fue que el problema no era de sexualidad, sino que de afectividad”, mencionó.

Por su parte, otro de los acusados, Alejandro Cautín Ramos, aprovechó las carencias materiales de un estudiante en Punta Arenas para acorralarlo mediante chantaje económico y académico.

Décadas después, en una declaración efectuada vía remota en octubre de 2021 ante el fiscal Xavier Armendáriz, el afectado, identificado como Camilo, rememoró cómo el sacerdote comenzó a romper los límites.

“Mi casa no tenía baño, solamente un pozo séptico (…) En algún momento Alejandro me ofreció que, si yo quería, podía bañarme en su habitación, la cual tenía baño privado y se encontraba en el interior del Colegio”, reveló.

“Era raro que los religiosos llevasen a alumnos al comedor

En esa misma diligencia, la víctima profundizó sobre las atenciones diferenciales que el religioso le otorgaba a vista de toda la comunidad eclesiástica, sin que nadie interviniera.

Me invitaba a tomar once al comedor de los religiosos de la comunidad, y en ese sentido, había una diferencia con los demás niños ya que me llevaba solo a mí”, puntualizó.

“Era raro que los religiosos llevasen a alumnos al comedor, sin embargo, él lo hacía conmigo y los demás religiosos no decían nada”, explicó.

Sucesos similares vivió en dicho recinto: “En algunas oportunidades, no era muy seguido, pero si ocurrió, me llevó a almorzar junto a todos los religiosos, director del colegio incluido. Eran 12 religiosos”, recordó.

No era para nada habitual que un alumno realizara eso, sin embargo, yo sí iba y ninguno de los religiosos decía nada respecto a eso, aun cuando ir a su espacio estaba prohibido para los alumnos del colegio”, declaró.

“Los abusos no era algo que se ventilara públicamente”

Con el paso de los años y el auxilio terapéutico, la misma víctima logró dimensionar la manipulación ejercida por Cautín cuando intentaba distanciarlo de su entorno o presionarlo para continuar los abusos. 

“Alejandro igual era asesor, entonces él directa o indirectamente me tenía vigilado constantemente. Hacía ver siempre que él tenía un dominio sobre mi persona; emocional, económico, académico, de tal manera que yo no pudiese alejarme de él”, argumentó.

Asimismo, remarcó el ambiente de secretismo que predominaba en la época: “Los abusos no era algo que se ventilara públicamente. Eran otros tiempos. En esa época hablar de algo así era casi ser un demonio”.

Transcurrieron cerca de cincuenta años para que pudiera liberarse de la carga emocional, un proceso que alcanzó un punto de quiebre durante un tratamiento médico.

Durante mucho tiempo yo tuve un sentimiento de culpa. Como a los 56 años estuve en un tratamiento por depresión y la psicóloga que me atendió, me iluminó. Me dijo que yo no era el culpable. Hasta ese año yo sentía que era culpable por haber aceptado ese tipo de situación”, reflexionó.

Bajo esa lógica, las acciones represivas de la autoridad del plantel no se limitaron a la omisión, sino que incluyeron castigos contra quienes intentaron romper el silencio.

“Que quería que yo fuera su alumno predilecto”

Pablo, otro de los querellantes que declaró en julio de 2021 sobre hechos ocurridos en el Colegio Salesiano de Valdivia durante los años 80, rememoró la nula distancia que mantenían con la fe formal.

“Puedo decir que no mantengo algún vínculo estrecho con la Iglesia Católica. Mis padres eran cercanos a la iglesia, pero no se pegaban con una piedra en el pecho. Ellos lucharon para que ingresara al Colegio Salesiano de Valdivia ya que tenía mucho prestigio”, afirmó.

Respecto al modus operandi de Aravena, Pablo relató: “Siempre nos decía que todos los curas tenían alumnos predilectos. Y me decía a mí específicamente, hasta donde yo sé, que quería que yo fuera su alumno predilecto”.

Además, al evocar el contexto social y la posición de poder de los sacerdotes, acotó: “Para confesarnos teníamos que ir a una pieza donde quedábamos solos. Ahí el cura Sergio me tocaba las piernas, las rodillas, luego comenzó con un roce en los genitales por encima de la ropa”.

Nunca me atreví a contar esto a nadie. En los años 80 los profesores y los curas eran casi un dios. Uno no se atrevía a decir nada, menos acusar a un cura de un hecho así”, aseguró.

Cuando este último denunció la agresión junto a un compañero que fue testigo del ataque, las autoridades del establecimiento optaron por amedrentarlos, sancionarlos y expulsarlos, dejando al agresor en su cargo.

“Me tocaba la espalda, me tocaba el pecho, todo de forma sexualizada”

Un patrón que se repitió con Joaquín, quien ingresó al posnoviciado en 2006 y sufrió abusos por parte de Tomás Aguayo.

“Él se acercaba, apagaba la luz, me daba abrazos muy prolongados, me besaba en la boca, lo que hizo en más de una oportunidad. Me tocaba la espalda, me tocaba el pecho, todo de forma sexualizada”, indicó.

“Me tocaba el poto, hasta me tocaba los genitales, todo esto fue de manera sistemática (…) En el verano del 2006, Tomás Aguayo me ofreció si es que yo me quería acostar con él, en el ámbito sexual. Yo le dije que no”, complementó.

A pesar de sus recurrentes alertas a distintas autoridades eclesiásticas, la respuesta de la congregación fue la desestimación o el traslado protegido del denunciado.

Tras acudir ante el consejero mundial Natale Vitali, el desenlace mantuvo el sello de la impunidad.

“Vitali me prometió dos cosas. Me dijo ‘yo voy a sacar al padre Tomás, pero lo voy a sacar de buena forma’. Tuve que vivir dos semanas extras con mi abusador”, dijo.

“Luego lo mandó a Argentina por un supuesto estrés. Incluso le hicieron una despedida. Se fue en gloria y majestad. Incluso cuando él se fue, me dijo al oído ‘paz’”, agregó.

A través de los peritajes psicológicos y psiquiátricos presentados ante la justicia, se lograron acreditar cuadros de estrés postraumático, trastornos depresivos severos y secuelas emocionales de por vida en los denunciantes.

¿Qué dijeron los responsables de los colegios Salesianos tras casos de abusos sexuales?

Frente a las acusaciones, la defensa de la orden religiosa rechazó la existencia de una estructura destinada a encubrir los ilícitos, argumentando que durante el periodo de los hechos no existían protocolos formales de denuncia.

A través de un escrito, afirmaron repudiar los hechos.

La Congregación Salesiana no ha estado ajena a dicha situación, toda vez que ha recibido denuncias y acusaciones de abuso sexual cometidos por miembros de su comunidad, procediendo a indagar e investigar los hechos denunciados, iniciando investigaciones canónicas, colaborando con el Ministerio Público y apoyando económicamente con el pago de tratamientos psicológicos a algunos de los denunciantes como medida de apoyo y reparación”, expresaron.

Respecto a la nómina de clérigos imputados por las víctimas, solo Tomás Aguayo Flores y Alejandro Cautín Ramos enfrentaron procesos canónicos que derivaron en su expulsión.

Otros tres solicitaron la dispensa del celibato sacerdotal, entre ellos Sergio Aravena, mientras que los tres restantes murieron sin enfrentar sanciones de ningún tipo.

En tanto, de los nueve demandantes que acudieron a los tribunales civiles, ocho recibirán las indemnizaciones fijadas, mientras que un caso fue desestimado por falta de antecedentes probatorios directos que vincularan al denunciante con el acusado.