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Quién era Patricio Segura, defensor de la Patagonia que murió por hantavirus: dejó carta a su esposa

Quién era Patricio Segura, defensor de la Patagonia que murió por hantavirus: dejó carta a su esposa
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El periodista, investigador y activista medioambiental Patricio Segura Ortiz falleció este viernes 21 de agosto, a los 54 años, luego de permanecer internado en grave estado producto de un cuadro de hantavirus.

El comunicador había sido trasladado de urgencia durante esta semana desde Coyhaique hasta el Hospital Dr. Guillermo Grant Benavente de Concepción, donde finalmente murió a las 17:20 horas.

Según consignó BioBioChile, la noticia fue confirmada tanto por su familia como por el recinto asistencial del Biobío.

“Con mucho dolor les contamos que hoy falleció nuestro querido papá y Pato, producto del virus Hanta, en el Hospital de Concepción”, expresaron sus seres queridos.

Durante los últimos días, familiares y cercanos habían impulsado una campaña para conseguir donantes de sangre mientras Segura permanecía hospitalizado.

Su esposa, la dirigenta social y ambiental Miriam Chible, también fue diagnosticada con hantavirus y continúa internada en estado grave en Concepción.

Ante este complejo escenario, la familia señaló que se tomará un tiempo para acompañarla antes de entregar información respecto al velatorio y despedida del periodista.

“Su buena energía y apoyo han significado mucho para toda la familia”, señalaron.

Patricio Segura y su trayectoria ligada a la defensa de la Patagonia

Radicado en Coyhaique, Patricio Segura se convirtió en una reconocida figura del periodismo y el activismo medioambiental en la Región de Aysén.

Durante su trayectoria investigó y visibilizó diversos conflictos socioambientales de la Patagonia, promoviendo, además, la participación de las comunidades en las decisiones relacionadas con el desarrollo de sus territorios.

Su trabajo se especializó en áreas como ciencia, turismo, corrupción, medioambiente y conflictos socioambientales.

Sus investigaciones, artículos y columnas llegaron a distintos medios nacionales y extranjeros, incluyendo las revistas científicas Science y Nature.

Asimismo, estuvo vinculado a organizaciones como Aysén Reserva de Vida y a la campaña Patagonia Sin Represas, movimiento ciudadano que se opuso al desarrollo de proyectos hidroeléctricos en la zona.

También encabezó la Fundación Aysenda, organización dedicada a la protección del medioambiente y crítica de los modelos extractivos.

Su incursión en la política

En 2021, Segura dio un paso hacia la política al presentarse como candidato a convencional constituyente por el distrito 27, correspondiente a la Región de Aysén.

Aunque no consiguió un escaño, entre sus principales propuestas estaba avanzar hacia una Constitución ecológica, garantizar el derecho a vivir en un medioambiente sano y aumentar la incidencia de las comunidades en las decisiones que afectaran sus territorios.

El periodista mantuvo su actividad profesional y medioambiental hasta sus últimas semanas, participando en encuentros, publicando columnas y difundiendo análisis relacionados con la Patagonia.

La emotiva última columna que escribió para su esposa

Precisamente, uno de sus últimos textos adquirió un especial significado tras conocerse su fallecimiento.

Segura escribió una carta dedicada a su esposa, Miriam Chible, mientras ella permanecía hospitalizada en estado grave producto del hantavirus.

Bajo el título “Esperando tu regalo”, el periodista recordó que su cumpleaños había sido el 1 de agosto y manifestó su deseo de volver a casa junto a ella. No obstante, fue él quien no volverá.

Esperando tu regalo

Paso por acá para regañarte. Para exigirte mi regalo. Ése que me escamoteaste aquel primero de agosto, cuando apurados abandonamos nuestra casa, nuestro hogar, para con temor emprender un incierto viaje a Coyhaique.

Ese sábado estaba de cumpleaños. Desde hace mucho hemos resuelto no regalarnos para esas fechas. Nos hemos dicho, mintiéndonos a sabiendas y como los buenos cómplices que somos, que no importa, que nos celebramos día a día. Que admirarnos y sentirnos orgullosos de que aquel otro nos haya escogido es el mejor obsequio al que podemos optar. Y aunque es cierto, siempre algo nos entregamos. Una vez tú, la otra yo, haciéndonos trampa como los chiquillos que, menos mal, seguimos siendo. Porque es como hemos decidido caminar, de la mano y con el corazón.

En la familia que somos, el amor por ti ha campeado. Partió con la constante preocupación por los demoledores efectos de la influenza que te golpeaba a ti y a Julieta… porque eso nos dijeron al principio al buscar respuestas y tratamiento en el Estado, en cuyo rol creemos. Y nosotros confiamos. Pero ya habrá tiempo, como bien me dirías, para hablar de políticas públicas.

Tu hijo, Martín, ha sido nuestro héroe. Incluso previo a ese sábado en que juntos decidimos que nos fuera a buscar: a ti, a Juli, a mí, porque nuestra camioneta no partía. Estuvo de los primeros, como sus hermanas. Y cuando se requirió, ese día de fuga, hizo lo que tenía que hacer: nos condujo interminables horas por la carretera ripiada hasta la ciudad, a contrapelo de la tormenta de nieve y viento que sacudió la región esa misma noche. Tremendo hijo que te gastas, que ha asumido el rol de quien sabe estar al cuidado de la gente que ama.

Natalia, que lo dejó todo por acompañar a Julieta y a ti. A nosotros. Llenando tu lugar como la madre que eres, en estos días en Concepción mientras apostábamos a la esperanza y las noticias positivas. Las que fueron llegando a cuentagotas, pero constantes. Fundamental fue su apoyo permanente durante esas jornadas críticas.

Catalina, quien ha sido puntal en la logística, como bien lo sabe hacer. En movilizar voluntades, en resolver como lo ha hecho siempre, en ponerse a disposición, que es una más de las formas que tiene de expresar su cariño. Que por ti lo tiene de sobra. Y se nota.

Marcela, que estuvo día y noche en vela cuando permanecieron en la UCI de Coyhaique. Que movió, también, lo que tenía que mover. Que ha aportado sugerencias, tranquilidad, contención constante. Para ustedes, para mí, para sus hermanos.

Y Andrés, mi hijo, quien es parte de este diverso grupo al que llamamos familia. Que viajó desde Puerto Montt para estar junto a nosotros, poniendo en pausa sus responsabilidades. Y que estuvo contigo, por el amor que me tiene. Pero también a ti, a quien admira.

Cada uno se hizo presente cuando lo necesitamos. Preocupados por mi estabilidad, también, quizás a sabiendas de lo aterrador que es concebir que puedes perder a tu compañera de vida. A tu alma gemela, que a estas alturas me da lo mismo que suene cliché. Sé que cuando despiertes totalmente y nos hables, lo apreciarás.

Esos son tus hijos. De ellos puedes, una vez más, sentirte orgullosa, al igual que estoy seguro lo estaría su padre. Hicieron lo que tenían que hacer. Estuvieron donde tenían que estar. Y estemos ciertos de que así seguirá siendo mañana. Junto a su esposa, compañeros, parejas… que el nombre no importa cuando hay amor.

Te soy honesto. Vi a todos quebrarse en alguna ocasión en estos difíciles días. Mucho menos que yo, claro está. Porque me niego a perder esos años hermosos que nos restan por recorrer. Por soñar y concretar. Esos que nos venimos prometiendo desde hace tanto.

Aunque lo sabes, porque te lo he contado, Juli está bien. Acá seguiremos ambos esperando que tu cuerpo retorne pleno a nosotros, porque tu espíritu siempre lo ha estado. Te envía cariños. Como los que te ha prodigado tanta gente por estos días. Y el nueve estuvo de cumpleaños tu mamá, a quien nos preparábamos a visitar y que una fuerza mayor nos lo impidió. La vi contenta.

Paradojas de la vida. Te leo este texto junto a tu cama en el hospital, como lo he hecho tantas veces cuando publico lo que me importa. Y tú, con tu paciencia y sentido común de otros mundos, me orientas, interpelas, concuerdas, discrepas. Lo siento, hoy no puedes transmitirme tu mirada, aunque seguro coincidirías con estos ecos de mi alma.

Ya tendremos más oportunidades para que me enrieles. Para que sigas siendo, como hasta ahora y como te dije, escribí y publiqué en esos primeros días de nuestro tránsito compinche, mi buena compañía para no ponerme gil.

Y que no se nos olvide: tu regreso al hogar será el mejor regalo de cumpleaños que en la vida me podrías dar.

Te amo, mi Miriam.