Diez mil patitos de hule flotando a la vez en el lago Llanquihue. Esa es la imagen que prepara Frutillar para el sábado 28 de noviembre, a las 15:00 horas, en el sector Muelle Costanera. Y es también la que tiene a una agrupación ambientalista pidiendo que todo se suspenda.
La carrera es, en simple, una rifa con patitos. Cada participante compra un número asociado a un juguete y gana dinero si su patito llega entre los primeros a la meta. El ganador se llevará $2 millones, y habrá premios en dinero para los cinco primeros lugares.
El municipio, además, adelantó que los montos podrían subir si aumenta la cantidad de participantes.
Patitos de hule en Frutillar: una actividad solidaria con apoyo municipal
La iniciativa la organizan la Unión Comunal de Adultos Mayores y Acción Animalista, con la colaboración de la Municipalidad de Frutillar. El municipio difundió la convocatoria en sus redes sociales con un mensaje que no pasa inadvertido: “¡Frutillar hace historia!”.
El fin de la actividad es solidario. Esa es justamente la palabra que los críticos ponen en duda.
La pregunta que más se repite es práctica. ¿Cómo se asegura que los 10 mil juguetes salgan del agua cuando termine la carrera?
El alcalde de Frutillar, Javier Arismendi, respondió que hay un operativo previsto. “Habrá colaboración de embarcaciones (lanchas) que resguardarán que no quede ningún patito de hule dentro del lago y en la playa habrá personal para recogerlos. Después se guardarán para una futura actividad”, señaló, según consignó BioBioChile.
“Una bomba de tiempo ecológica”
La explicación no convenció a la agrupación Defendamos la Patagonia, que rechazó la propuesta y pidió al municipio y a los organizadores que suspendan el evento.
“Lo que se promociona como una rifa solidaria es, en realidad, una bomba de tiempo ecológica para el ecosistema acuático”, sostuvo la organización, de acuerdo con el mismo medio.
Sus argumentos son varios. Plantea que no sería posible recuperar todos los patitos y que los que queden en las orillas podrían degradarse con el tiempo y convertirse en microplásticos, es decir, fragmentos diminutos de plástico que se dispersan en el agua y son muy difíciles de retirar.
También advirtió que aves y peces podrían ingerir esos residuos y que los materiales de los juguetes podrían liberar sustancias al agua.
“La solidaridad no puede justificar la destrucción del patrimonio natural”, agregó la agrupación, que llamó a buscar otras formas de recaudar fondos.