Fue hace unas semanas cuando se dio a conocer la muerte de dos abuelos en extrañas circunstancias en Conchalí. Fue Jorge Olivares de 84 años, quien le habría disparado a su esposa Elsa Ayala (89) y luego se suicidó.
Este caso que consternó a todo un país, escondía una dramática historia de amor. Ambos se conocieron a fines de los años 50, cuando él se trabajaba como taxista y ella como asesora del hogar. En 1963, se casaron y se fueron a vivir a una casa en avenida Independencia.
[leetambien]https://www.pagina7.cl/notas/actualidad/nacional/2018/07/31/hallan-a-pareja-de-ancianos-muerta-en-su-cama-hijo-con-sindrome-de-down-lloraba-a-su-lado.shtml[/leetambien]
Desde ese entonces, no se separaron más. Aunque no tuvieron hijos, un sobrino los visitaba de vez en cuando, debido a que atravesaban por una cruda vejez. Elsa sufría de cáncer de colon ramificado y úlceras varicosas, por lo que estaba postrada hace dos años. Por otro lado, Jorge tenía una hernia lumbar y llevaba semanas con síntomas de neumonía.
Denisse Gallardo, paramédica que los conoció en 2017, se convirtió en su principal soporte, ayudándolos fuera de su horario laboral, e incluso pasando fiestas como Navidad junto a ellos. “Ellos me adoptaron (…) Era una pareja que siempre se preocupaba el uno del otro”, expresó la profesional en entrevista con el matinal Hola Chile.
“Hasta el último momento, él sentía que me molestaba cuando me me llamaba (…) Desde el día 1, el tata manifestó las ganas de quitarse la vida”, expresó la paramédica, quien asegura pudo entregarle alegría durante sus último año juntos.
Captura La Red
El pacto de morir juntos
“El tata ya estaba demasiado agotado, porque él casi la mudaba con una sola mano y el día viernes, fuimos con la asistente social, para decirle al sobrino que ellos no podían seguir en esas condiciones”, relató la profesional, quien decidió internar a la abuela en un hogar, mientras que Jorge vendería la casa para costear los dos asilos.
El día sábado en la mañana, fue la última vez que la paramédico estuvo con la pareja. “Yo no noté nada extraño, se veía desanimado, pero pensé que era por la enfermedad (…) Él tenía miedo, porque sabía que nadie podía cuidarla como él lo hacía”, sentenció sobre la pareja que nunca se había separado.