La justicia confirmó la responsabilidad del Servicio de Salud O’Higgins por la pérdida del brazo dominante de un paciente que sufrió complicaciones tras una fractura tratada en el Hospital Regional de Rancagua.

La Corte de Apelaciones de Rancagua ratificó una demanda por falta de servicio presentada por el hombre y determinó aumentar la indemnización por daño moral desde $40 millones a $60 millones, considerando las consecuencias físicas, psicológicas y laborales que dejó la amputación, consignó BioBioChile.

Uno de los antecedentes que tomó en cuenta el tribunal fue que el propio paciente alertó al equipo médico de que su extremidad presentaba señales que consideraba anormales, pese a no contar con conocimientos técnicos en medicina.

Según estableció la sentencia, el hombre manifestó durante sus controles que algo no estaba bien e incluso mencionó la presencia de mal olor en la zona afectada, una señal que, a su juicio, evidenciaba que existía un problema.

Además, registró uno de esos controles médicos con su celular, antecedente que la Corte valoró, ya que permitió establecer que los signos de deterioro no aparecieron de manera repentina.

Paciente que perdió brazo en Rancagua y la explicación que recibió por sus síntomas

De acuerdo con el fallo, durante el tratamiento el paciente sufrió la expulsión de un perno y material óseo desde la zona afectada. Sin embargo, el tribunal determinó que esa situación fue explicada como un hecho normal dentro de su recuperación.

La explicación provocó que el hombre entendiera que los síntomas correspondían a una evolución esperable de la lesión, por lo que continuó enfrentando los intensos dolores que presentaba.

La Corte estableció que, pese a las advertencias realizadas por el propio paciente, no se efectuaron oportunamente los exámenes necesarios para determinar el origen de esas manifestaciones ni la gravedad de la infección que afectaba el hueso.

Con el paso de los meses, la infección avanzó hasta un punto en que la amputación se convirtió en la única alternativa para proteger su vida.

Pérdida del brazo afectó su trabajo y autonomía

El tribunal también consideró las consecuencias que tuvo la amputación en la vida del afectado. Antes de los hechos, el hombre trabajaba como temporero en labores agrícolas, una actividad donde el uso de sus extremidades era fundamental.

Por ello, la pérdida de su brazo dominante significó una afectación tanto en sus actividades diarias como en su capacidad laboral.

A esto se sumaron las consecuencias psicológicas acreditadas y la pérdida de autonomía que generó la nueva condición del paciente.

En el fallo, además, la Corte descartó los argumentos del Servicio de Salud O’Higgins respecto de una eventual responsabilidad del propio afectado por su conducta o supuesta falta de adherencia al tratamiento.

Los ministros concluyeron que esos antecedentes no permitían modificar la responsabilidad establecida previamente ni reducir la indemnización fijada.

Finalmente, la Tercera Sala de la Corte de Apelaciones de Rancagua confirmó la resolución del Segundo Juzgado Civil de Rancagua, pero elevó el monto por daño moral a $60 millones.

Para determinar esa cifra, los jueces consideraron la pérdida irreversible del brazo dominante, la edad del paciente, el impacto en su autonomía, las consecuencias psicológicas y laborales, además de las circunstancias en que se produjo el deterioro de su salud.