Diecinueve días de vida tenía el pequeño Jake Long, quien falleció tras sufrir una lesión en la cabeza y varios huesos rotos, como consecuencia de una supuesta violencia por parte de su madre Nicola Brown (43).

El fatal incidente ocurrió en Portsmouth, Inglaterra, mientras la mujer lo estaba cuidando. “Yo era su madre y lo amaba, él estaba medio dormido, así que intenté darle su botella de leche. De repente hizo un extraño ruido, y pude ver cómo la luz de sus ojos se apagó”, relató la acusada a la audiencia, según consigna The Sun.

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Además, la mujer agregó que ella siempre estuvo preocupada de la salud de su hijo, de hecho ella lo llevó al médico hace un tiempo porque el pequeño sufría varios síntomas anormales, entre ellos estreñimiento.

Sin embargo, el juez no creyó en su palabra y le preguntó directamente si el bebé había sufrido algún tipo de violencia, a lo que ella respondió: “No puedo decir nada al respecto porque no he visto que alguien lo haya hecho. No sé por qué tiene tantas lesiones físicas”.

A esto añadió: “Yo no lo hice y no vi a nadie más hacerlo”. Pero eso no fue todo, ya que también negó ‘zamarrear’ a su hijo causándole una grave lesión en su cerebro.

El juez decidió fallar en contra de la mujer, ya que no es la primera vez que ha mentido ante la ley, quedando con los cargos de asesinato y graves daños corporales a su hijo Jake Long.. Por otro lado, el padre del pequeño fue acusado de permitir la muerte del niño.

Cabe señalar, que una de las teorías de por qué Nicola Brown mató al pequeño, es porque no era un hijo deseado por la pareja.