“Me pidió que lo hiciera sufrir”: revelan confesión que hizo caer a la ‘Quintrala de Magallanes
El caso policial protagonizado por Irma Mabel Ovalle Oyarzún, conocida como ‘La Quintrala de Magallanes’, volvió a instalarse en la opinión pública luego de que, a comienzos de mayo de 2026, la Corte de Punta Arenas ordenara al fisco pagarle más de $200 millones, pese a cumplir una condena de 20 años de cárcel por el encargo del asesinato a su esposo, Didier Mansilla.
El crimen conmocionó al país en 2012 por el nivel de planificación detrás del homicidio, donde la mujer fue condenada por parricidio tras comprobarse que contrató a un sicario para asesinar a su marido y así cobrar millonarios seguros de vida, incluido uno perteneciente a Capredena.
Según estableció la investigación, entre junio y julio de ese año Ovalle coordinó el crimen junto a Sergio Escalona Chiguay, un amigo reponedor en el supermercado donde trabajaba.
El 29 de julio de 2012, Escalona concretó el asesinato en la población Fitz Roy de Punta Arenas, donde apuñaló a Mansilla en el cuello tras citarlo bajo engaños.
Las confesiones detrás del caso de ‘La Quintrala de Magallanes’
En medio de este contexto, ahora en un reportaje de BioBioChile se revelaron nuevos y crudos testimonios judiciales que reconstruyen cómo se planificó el crimen y las confesiones entregadas por el propio sicario.
La investigación logró esclarecer el caso luego de que, dos meses después del homicidio, Escalona acudiera voluntariamente a la policía para confesar su participación.
En su declaración aseguró que aceptó cometer el asesinato porque le ofrecieron cinco millones de pesos y un “sueldo de por vida”.
“En junio me preguntó cuánto cobraba por matar a su marido. Pensé que era broma. Días después insistió y me ofreció dinero que me podía ayudar en mi situación económica”, declaró, según los documentos judiciales.
Escalona relató además que Ovalle le contó que sufría supuestos maltratos físicos, psicológicos e infidelidades por parte de Didier Mansilla, y él sintió rabia. A los días aceptó y comenzaron a planear.
Contrató a amigo sicario y nunca le pagó: él confesó todo y ayudó a resolver el caso
Ambos compartían labores en el mismo supermercado y, con el tiempo, generaron cercanía. Fue allí cuando ella le comentó que a su esposo le gustaba conversar por Facebook, antecedente que el hombre utilizó para crear un perfil falso de una mujer a la que llamó “la negrita paraguaya”. Mansilla cayó en la trampa.
Inicialmente, Escalona había citado a Didier en el Parque María Behety con la intención de asesinarlo, pero aseguró que se arrepintió a último momento. Sin embargo, afirmó que Ovalle insistió y le ofreció más dinero.
“Me ofreció más plata. Sueldo de por vida”, sostuvo.
Con ese nuevo acuerdo, el 29 de julio volvió a citar a Mansilla en la población Fitz Roy, haciéndose pasar por un supuesto amigo de la “negrita”. Ese día lo mató y huyó.
Según su confesión, Ovalle le aseguró después del crimen que estaba arrepentida y que el pago llegaría una vez terminada la investigación.
“Primero fue un millón de pesos, después cinco e incluso llegaron a ser veinte. Una vez que se liberaran los seguros de vida, él tendría su parte”, detallan los antecedentes. Sin embargo, el dinero nunca llegó.
“Irma me dijo que estaba arrepentida, pero antes me pidió que al momento de matarlo lo hiciera sufrir”, confesó el sicario.
La versión de la esposa
La versión de Escalona contrasta completamente con la defensa que hasta hoy sostiene Ovalle, quien sostiene que fue él quien insistió con la idea de matar a su esposo como una supuesta venganza.
De acuerdo con los antecedentes judiciales, el día del crimen la mujer se encontraba almorzando con una amiga, situación que el tribunal consideró parte de una coartada previamente planificada.
Además, distintos testimonios incorporados en la investigación apuntaron a la tranquilidad con la que reaccionó tras conocer la muerte de Mansilla.
“A alguien le tenía que tocar mantener la cordura en la familia”, habría explicado a cercanos cuando le cuestionaron su aparente frialdad.
La familia de Didier, en tanto, aseguró que se enteró de la muerte a través de las noticias y que Ovalle nunca se contactó con ellos.
“En el funeral, Irma salía a fumar y a tomar café. Tuve sospechas porque ella no estaba sufriendo”, declaró uno de los 11 hermanos de la víctima.
Otra familiar agregó: “Irma esquivaba responder. Nunca vimos peleas o violencia, pero era una mujer muy celosa”.
Finalmente, el Ministerio Público logró acreditar que entre junio y julio de 2012 ambos “coordinaron, planificaron y acordaron dar muerte a Didier Mansilla”.
Por ello, Irma Mabel Ovalle Oyarzún fue condenada a 20 años de cárcel por parricidio, mientras que Sergio Escalona Chiguay recibió la misma pena por homicidio.