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Una investigación de la Fiscalía busca esclarecer el origen y las circunstancias en que aparecieron restos humanos bajo la Catedral de Rancagua, hallazgo ocurrido durante trabajos de remodelación en 2025. Los obreros habrían encontrado osamentas y, en lugar de informar a las autoridades, habrían sido recogidas y depositadas en una bolsa. Posteriormente, se realizó un pequeño ritual y se volvieron a enterrar en el mismo sector. La abogada querellante describió las osamentas y señaló que el procedimiento debe ser esclarecido judicialmente, independientemente de su origen criminal o histórico. La Brigada de Homicidios deberá determinar si los restos tienen relación con antiguos espacios de sepultación en la zona. El Arzobispado de Rancagua negó haber ordenado el retiro o reentierro de los restos, así como cualquier amenaza a los trabajadores.
Una investigación de la Fiscalía busca esclarecer el origen y las circunstancias en que aparecieron restos humanos bajo la Catedral de Rancagua.
Todo se originó, luego de que trabajadores encontraran osamentas mientras realizaban excavaciones en medio de las obras de remodelación del recinto.
¿Qué se sabe sobre el hallazgo de estos humanos en la Catedral de Rancagua?
De acuerdo con lo consignado por T13, el hecho ocurrió durante trabajos que se desarrollan desde 2025.
A partir de ese momento surgieron versiones contrapuestas sobre qué ocurrió después de que los obreros confirmaran el hallazgo.
Según la denuncia presentada por los funcionarios, estos habrían informado inicialmente a la empresa encargada de las faenas y al párroco de la Catedral.
Sin embargo, en lugar de comunicar inmediatamente el descubrimiento a las autoridades, los restos habrían sido recogidos y depositados en una bolsa.
En ese contexto, la abogada querellante, Marcela Riquelme, describió parte de las osamentas encontradas.
“Restos óseos evidentemente de un cuerpo humano. Dientes, partes del cráneo, los huesos largos del cuerpo. Fueron encontrados sin estar en un cajón, sin la marca de una lápida”, sostuvo.
La querella también plantea que algunos trabajadores habrían recibido advertencias sobre su continuidad laboral si entregaban información respecto del descubrimiento.
Junto a lo anterior, la acción judicial señaló que posteriormente se habría realizado un pequeño ritual, para después enterrar nuevamente los restos en el mismo sector donde aparecieron.
“Aquí hay dos delitos”
Por su parte, el fiscal jefe de Rancagua, Claudio Meneses, confirmó que este antecedente forma parte de las diligencias.
“Estas habrían sido puestas en el altar, el cual después posteriormente se coloca una loza encima de aquella. Obviamente esa información debió ser indicada a las autoridades”, aclaró.
En tanto, la abogada querellante afirmó que dicho procedimiento requiere ser esclarecido judicialmente, independiente de si finalmente se determina que tienen un origen criminal o histórico.
“Aquí hay dos delitos. La exhumación y la inhumación de un cuerpo humano o de restos óseos debe ser informada”, afirmó.
Precisamente, una de las interrogantes que deberán resolver los investigadores apunta al origen de los huesos.
Con respecto a esto, la presencia de osamentas bajo el templo no necesariamente significa que exista un delito detrás del hallazgo.
La historia de la zona incluso abre una segunda hipótesis, pues en 2000, durante trabajos efectuados en la Plaza de Armas de Rancagua, también aparecieron partes óseas y otros vestigios arqueológicos.
Bajo esa lógica, la Brigada de Homicidios de la PDI de Rancagua deberán establecer si las osamentas encontradas ahora tienen alguna relación con antiguos espacios de sepultación del sector.
Con respecto a esto, el subprefecto Juan Reyes explicó que los equipos deberán intervenir nuevamente el lugar para realizar los peritajes correspondientes.
“Hay que remover ese lugar, extraerlas, y obviamente determinar con las pericias correspondientes si estas tienen algún interés arqueológico o criminal”, puntualizó.
¿Qué dijo el Arzobispado de Rancagua?
En paralelo, el Arzobispado de Rancagua entregó una versión diferente de lo planteado en la querella.
La institución recordó que la Catedral también ha funcionado históricamente como lugar de sepultación y sostuvo que los empleados encargados de las obras no mantienen un vínculo contractual con la Iglesia.
“No hemos ordenado ninguna exhumación ni inhumación de restos mortales. (…) El párroco de la Catedral no realizó ninguna amenaza o presión a los trabajadores para que guardaran silencio respecto de esta situación“, expresaron en un comunicado.