Este 2018, se cumplen 13 años desde que ocurrió la tragedia de Antuco, considerada como una de las mayores catástrofes del Ejército chileno. De un total de 200 soldados que cruzaron una tormenta, 45 fallecieron en el camino.
Uno de los sobrevivientes fue Carlos Álvarez, quien estuvo de invitado este viernes en Hola Chile para hablar de la terrible experiencia que vivió aquel 18 de mayo de 2005.
“Los que estábamos ahí buscábamos una oportunidad en la vida para poder surgir, queríamos ser suboficiales, muchos querían terminar el liceo porque no tenían el cuarto medio. La mayoría éramos del campo, de los alrededores de Los Ángeles, por eso la mayoría era voluntario”, partió relatando el exsoldado.
[leetambienImg]https://www.pagina7.cl/notas/tv-y-espectaculos/tv/2018/05/17/francisco-reyes-revelo-como-fue-que-se-salvo-del-tragico-accidente-en-juan-fernandez.shtml[/leetambienImg]
Según lo expresado por Carlos, aquella marcha no fue algo improvisado, ya que era una tradición de todos los años y era algo que estaba planificado.
“Nosotros salimos ese día a las 09 de la mañana, había mucha nieve, pero no viento. Empezamos a caminar y cambió, cruzamos un estero, tuvimos que hacer un puente, pero nos caímos al agua. Yo quedé mojado de las rodillas a los pies, se me mojó el sobre calzado que tenía, entonces no podía parar de caminar, porque se podía congelar el agua. Debido a eso, se me quemaron las plantas de los pie”, continuó relatando Álvarez.
Carlos explicó que pese a que tenían el implemento necesario para una tormenta de esa envergadura, sí llevaban la ropa para la marcha que en algo los ayudó.
“Yo en un momento dije no puedo más, hasta aquí llegué. Tenía una carta para mi mamá, le dije a un amigo que se la entregara y que le dijera que me perdonara. En ese punto no es que no tengas fuerzas, te empieza a dar sueño, porque dolor no sientes nada. Ese amigo me salvó la vida, me ayudó a reaccionar”, agregó el exconscripto.
En el camino al refugio, habían -25° y eso se notaba. De hecho, Carlos vio en el camino cómo sus compañeros comenzaban a morir, pero para él su única motivación era volver con sus seres queridos: “Mi motor para salir adelante era mi familia”.
Pese a esto, Álvarez tenía la chaqueta congelada y también los guantes: “De hecho cuando nos dijeron que nos sacáramos las mochilas, yo no podía porque la tenía pegada al cuerpo”.
Fue tras varias horas de marcha que pudieron llegar a un refugio para pasar la noche: “Al final yo vi unos pajaritos y una luz, ahí dije que me iba a salvar”. Luego de un largo momento de descanso, él y sus compañeros siguieron con el camino para el regimiento en Los Ángeles, claro que Carlos sumó otro grave problema, se quemó la vista, por lo que no pudo seguir andando sin la ayuda de uno de los soldados.
Al final, pudo llegar al destino final, donde curó sus heridas y pudo salir adelante: “Desde ahí en adelante aprendí a valorar mucho a mi familia”, concluyó en su relato.