Este lunes se dio a conocer un nuevo giro que tomó la situación judicial de Hugo Bustamante, el infame criminal conocido mediáticamente como el ‘Asesino del tambor’.

Y es que esta mañana se conoció que la Corte de Apelaciones de Valparaíso decretó su sobreseimiento definitivo por un doble homicidio ocurrido hace tres décadas en Villa Alemana, un crimen que el propio condenado confesó cuando ya estaba en la cárcel.

Recordemos que Bustamante se encuentra recluido en el Centro Penitenciario de Rancagua, luego de ser condenado en 2021 por el asesinato, violación y descuartizamiento de Ámbar Cornejo.

Antes de ese caso, en 2005 había sido condenado a 27 años de cárcel por el doble homicidio de Verónica Vásquez, de 49 años, y su hijo Eugenio Honorato, de 9, a quienes ocultó en un tambor.

Un crimen brutal que tuvo gran repercusión pública tras ser recreado en un capítulo del programa Mea Culpa, y que por muchos años se creyó que fueron sus primeras víctimas.

Sin embargo, tres décadas después se conoció de otro episodio macabro que tiñó aún más de sangre su historial de antecedentes penales.

El macabro crimen por el que fue sobreseído Hugo Bustamante

Se trata del asesinato de Elena Hinojosa, de 55 años, y su hijo Eduardo Páez, de 27, quienes desaparecieron el 27 de junio de 1996.

Se trata de un caso que durante años permaneció sin respuestas, pero que una inesperada confesión de Bustamante permitió encontrar sus restos.

Según reveló un reportaje de CIPER, el hombre confesó su participación en otro doble homicidio en una entrevista exclusiva desde la cárcel con la periodista Ivonne Toro, autora del libro ‘La niña Ámbar’. Todo esto como un “regalo”.

En esa conversación, Bustamante reveló que en el patio de su casa en Villa Alemana —el mismo lugar donde posteriormente se encontraron los restos de Ámbar Cornejo— estaban enterrados los cuerpos de Elena y Eduardo.

Agencia UNO

Lo conoció en la cárcel y luego lo mató junto a su madre

De acuerdo con el relato entregado a Toro, Bustamante conoció a Eduardo Páez durante la década de 1990, cuando ambos estuvieron recluidos en la cárcel.

Tras recuperar la libertad, continuaron viéndose, hasta que el joven y su madre desaparecieron de un día para el otro.

El propio Bustamante sostuvo que Eduardo habría estado secuestrado y que él contactó a Hinojosa para buscar una forma de liberarlo. Sin embargo, inicialmente no reconoció su responsabilidad en los hechos.

La familia de ambos presentó una denuncia por presunta desgracia, pero la investigación terminó archivada sin que se esclareciera lo ocurrido.

“Eduardo tenía un problema. Se metió donde no debía meterse y gastó plata que no debía gastar (…) Yo lo siento mucho. Incluso le expliqué en una carta: traté de hacer un bien, me hice un mal. Debí haberme callado. Esta cuestión debí dejarla ahí nomás, si durmiendo estaba re bien”, señaló Bustamante en la entrevista.

A partir de los antecedentes entregados por Bustamante, la Policía de Investigaciones (PDI) realizó diligencias en el inmueble ubicado en Covadonga 641, en Villa Alemana, donde efectivamente se encontraban los restos de Elena Hinojosa y Eduardo Páez, según confirmó la Fiscalía.

El hallazgo tuvo un fuerte impacto en sus familiares, quienes durante años esperaron respuestas sobre la desaparición de ambos, y verían como un shock el último giro que tuvo su caso.