¿Es posible que un sólo hombre haya tenido una descendencia de 600 hijos? ¿Y que estos estén repartidos en las principales capitales del mundo? La respuesta es afirmativa, ya que el médico Bertold Wiesner lo logró. No se trataba de un experto seductor ni de un famoso al que le llovieran las mujeres: simplemente tenía el trabajo ideal para dispersar sus genes.

Fue en la década de las 40 que su clínica de fertilidad, llamada Barton Clinic, era una de las más importantes de Londres. En aquella época era extraño que existieran médicos especializados en ese tema, por eso Bertold Wiesner decidió ayudar a decenas de mujeres para poder tener la familia que ellas deseaban.

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Este médico austriaco era un experto en la inseminación artificial. Su reputación era tal, que era consultado por muchas parejas de la clase alta, las cuales necesitaban traer al mundo al heredero de la fortuna familiar. Para llevar a cabo esta técnica, utilizaba donaciones anónimas que debían pasar por pruebas bastante altas, entre estas: “un cociente intelectual superior a la media”, como detalla el portal de cultura popular Super Curioso.

El problema es que este médico era tan exquisito con las donaciones, que estas fueron disminuyendo de número; mientras, la demanda cada vez aumentaba más. ¿Entonces cómo logró seguir funcionando su clínica?

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Varios años después se descubriría que la mayoría de las donaciones eran del propio Bertold Wiesner. De mil 500 intervenciones que hizo para lograr embarazar a las pacientes, unas 600 se llevaron a cabo gracias a su propio esperma.

Este hecho salió a la luz cuando el británico David Giollancz y el canadiense Barry Stevens descubrieron que eran hermanos y que sus progenitoras habían recibido ayuda de la misma clínica. De paso, ambos eran sorprendentemente parecidos a a este médico, el cual falleció en 1972 a la edad de 70 años, dejándolos con varias preguntas sin responder.

Barry Stevens
Barry Stevens

Después de este incidente, se siguió investigando a todas las personas nacidas entre los años 1943 y 1967, cuyas madres fueron pacientes de la clínica Wiesner. El resultado: el ADN de casi 40 % de los casos coincide con el del afamado doctor.

Lo más curioso de todo: su esposa, Mary Barton, nunca supo nada de las “generosas” donaciones de su marido.